viernes, 14 de mayo de 2010

Extraño hablar contigo o extraño que habla contigo (2da parte)


Ya no había vuelta atrás, Sebastian se encontraba cara a cara con el infeliz del taxista-ahora pues chibolo de mierda, te voy a sacar la entre puta shshsh entra pe!- decía el taxista- Para la mala suerte de Sebastian, su oponente mantenía una diferencia significativa en cuanto a talla, pero nada estaba dicho antes de nada, esa frase la había aprendido muy bien desde aquella ves que Argentina fue eliminada del mundial 2002. Aún maldice a Bielsa por no juntar a Batistuta y a Crespo en el mismo partido contra Suecia.


Un tumulto de gente rodeo el semi círculo que se había formado en apenas 3 minutos, como consecuencia de las agresiones verbales que llevaron a propiciar el conflicto. El” zambo” como lo llamaban sus conocidos que lo apoyaban a su alrededor, mantenía una pinta de berraco, los cabellos grasientos con un corte militar y una fucking trenza de por lo menos 15 cm de longitud y que además se desprendía de su nuca y lo presumían todo un Jedi de star wars del llaoca.


Los contendientes empezaron a moverse de un lado al otro, en otras palabras, se estuvieron cuadrando y midiendo sigilosamente, hasta que el zambo empezó la bronca con un derechazo izquierdo que golpeó fuertemente el rostro de Sebastian, llegando a aturdirlo por el instante en el que solo podía defenderse de los ataques múltiples que le estaban propinando en aquel momento.

--Uyuyuy… ¿qué pasó chibolo? ¡Ahora achorate pe webón!-decía el zambo mientras mantenía acorralado a Sebastian

--¡calla reconchatumadre la puta que te pario! – exclamó bastian mientras se defendía de los golpes que se le estaban propinando

No encontró mejor momento para zafar del certero ataque con un fuerte gancho ascendente, Shouryuu-ken (dijo en su mente), en el mentón del zambo que lo hizo retroceder unos metros, para Sebastian recién empezaba la real pelea. Sin titubeos se abalanzo contra el cuerpo del zambo y comenzó a arremeter como si se tratase de vida o muerte, no le importo que el zambo se resbalase para seguir sacándole la mierda como se dice habitualmente en Lima. Justo en el momento en que se preparaba para darle la estocada final, siente un feroz golpe sobre su nuca, que lo deja desconcertado, casi a punto de perder el conocimiento; golpe tal cual que lo deja a un lado de la zona de pelea, sin embargo, puede visualizar que quién le propino el golpe era más y menos que el sujeto que acompañaba al zambo en el taxi, que al final de cuentas resulto ser su primo, puta mare que tal concha.


Intentando recuperar la conciencia y manteniéndose en una esquina, Sebastian observaba con sigilo los movimientos del primo, quien estaba ayudando al zambo a reponerse. Las voces internas del ayer se distorsionaban como la reproducción de un cassete viejo. Excitado a más no poder y la adrenalina recorriendo sus venas, solo una frase pudo aparecérsele por su mente, el famoso lema del tío George



El tío George era un personaje muy peculiar para mucha gente en la ciudad, era de aquellos tipos que cambiaba de personalidad y de estado de ánimo en el transcurso del día, como si de ropa se tratase. Desde empezar con una inmensa alegría y jovialidad durante las mañanas, seriedad y bondades por las tardes, pero era la noche y su dulce combinación de licores y mujeres que lo jodia completamente hasta llegar a ser un desadaptado, agresivo, compulsivo y depresivo, llegando al más sublime estado llamado “ diablos azules’


Usualmente encontraba apasionante encarar a quien chucha sea para satisfacer su sed de violencia. El ritual comenzaba con un monólogo que había repetido cientos de veces


— ¿Quién soy yo?—exclamaba con dureza


— ¡Quien soy yo! — ahora gritaba fervientemente mientras se recorría el bar para encarar a su próximo oponente.


— ¡Quién soy yo! — última advertencia y pregunta retórica para el elegido, que con cierta razón respondía por así decirlo ingenuamente, ya que todos los recurrentes sabían la respuesta,el password , la clave o el código para salir de satisfactoriamente de aquella encrucijada, como si se tratase de un examen de grado.
La respuesta era simplemente decir una frase en vos alta y mirándolo a los ojos


— ¡ eres George! —si respondías así, nada te pasaría, y hasta podían felicitarte e invitarte un par de chelas o unos vasitos de whisky, pero ¿qué pasaba si es que eras nuevo y no decías nada o simplemente respondías cualquier pachotada? tipo: eres el mejor, eres un rechucha, un conshasumare, etc. Si esto pasaba, era previsible que George contestara de la siguiente manera:


— ¡Respuesta equivocada! Con la mirada al vacio mismo terminador de los 80s y con una vos afónica, empezaban los diablos azules y su clásica frase que resumía la pelea de todas las noches— Pam-Pum-Plin, un zapatazo en la cara y ya está. Lo demás es otra historia.

Continuará...

Por Raúl Aranda

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