miércoles, 19 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (parte 3)


Desde el problemón que se armó aquella vez en que Paola vio como Ángela y Flavio prácticamente se comían sus rostros en su casa para luego irse al hostal más cercano con la intención de ceder a sus más bajos y lascivos instintos, ya había pasado algunos días. Pao se peleó con Flavio –con una apocalíptica escena de celos incluida -y con Ángela –y esto si fue una pelea real, con jaloneo de pelos y caída al suelo incluida-. Además había terminado u relación con Alejandro –con justificaciones muy cojudas- y luego desapareció del mundo.

Flavio se aventuró a su casa para saber de ella. Lo recibió con ánimos algo bajos y se veía que aún estaba resentida por lo ocurrido. Él le sacó en cara que en realidad no tenía nada que reclamarle porque no eran nada, sólo amigos que ocasionalmente se besaban y hacían otras cosas, pero no eran enamorados. Luego de conversar –más bien, discutir-, llegaron a un punto de calma. La verdad era que solamente eran amigos. Punto. Y con esa premisa en mente, empezaron a verse nuevamente como si nada hubiera pasado.

O al menos así fue al principio.

Eventualmente, empezaron los besos otra vez y los momentos compartidos de calentura y placer cuando no había nadie cerca.

Durante todo ese tiempo, Flavio había estado enamorándose cada vez más de Paola. No hacía más que pensar en ella día y noche y las veces que estaba junto a ella se sentía más vivo que nunca.

Pero pese a que la relación que tenían continuaba igual, nunca se lo dijo. Nunca demostró hasta qué punto se había estado involucrando emocionalmente. No hubo gestos románticos ni frases melosas de su parte. Era una relación abierta. Eran amigos con beneficios.

Desde que terminó con Alejandro, Paola no estuvo con nadie más a excepción de Flavio –aunque no podía considerarse del todo una relación-. Él pensaba a menudo que debería intentarlo, que debería decirle lo que realmente sentía e iniciar una relación “como Dios manda”. Pero tenía miedo. Se cagaba de miedo. Estaba asustado por el hecho de saber que ella le había sido infiel a Alejandro con él y que si estaba con ella, nada evitaba que le hiciera lo mismo. Sería un iluso, un soberano cachudo y la burla de todo el mundo. Sentía temor, además, de que ella en realidad no sintiese lo mismo por él, que ella lo vea como un fulano más y que todo lo que pasó entre ellos, los momentos que pasaban juntos, los problemas que afrontaron mutuamente, los miedos y esperanzas que compartían, sean para ella solamente un juego más, una forma de satisfacer una necesidad y matar el tiempo.

Desde que Paola y Flavio se conocieron había pasado un año y desde el momento en que empezaron su “no-relación” había pasado unos once meses. Flavio decidió un día que ya era suficiente, que tenía que dejar sus patéticos miedos detrás, ya que la búsqueda de la seguridad era una trampa que el mismo se ponía. Se auto-saboteaba negándose la posibilidad de luchar por lo que quería. Si realmente estaba enamorado, debía confiar en ella –por muy cojudo que esto pueda llegar a ser-. Además, pensó que era mejor intentar y cagarla que seguir callando lo que en verdad sentía dentro de sí mismo y que pedía a gritos salir. Fue rumbo a casa de Paola para decírselo todo claramente y que sepa por fin que la amaba.

Cuando Paola salió por la puerta, Flavio pudo ver lágrimas en sus ojos. Algo no andaba bien.

-Paola, ¿qué pasó? ¿Estás bien?

-Pucha, Flavio. Acabo de hablar con mi mama. Nos mudamos a Piura en unas semanas.

Fue una sorpresa horrible para Flavio. El día que había decidido decirle a esa mujer que la amaba, se enteró que ella se alejaría de él en cuestión de días. Se quedó frio, estático y ninguna palabra salió de su boca.

-No quiero irme Flavio.

-Entonces no te vayas… Quédate.

-No puedo. Sería quedarme con mi viejo y no quiero saber nada de él.

-Quédate conmigo.

-No, Flavio. No hay forma. Jamás me dejarían.

-Entonces yo me voy contigo.

-¿Estás seguro de lo que dices? Tienes tu vida hecha aquí… Aparte donde estarías allá. No hay forma.

-No quiero que te vayas. Voy a extrañarte demasiado.

-Yo también, Flavio.

El resto de la noche, los dos estuvieron abrazados y sentados en el patio de su casa. Casi no intercambiaron palabra alguna. Flavio no llegó a decirle lo que sentía. No pudo hacerlo con todo eso en la cabeza.

Los días siguientes continuaron viéndose como antes. Quisieron disfrutar juntos el tiempo que tenían mientras les fuese posible hacerlo. Esos días estuvieron impregnados de una nostalgia prematura al saber que, cuando se den cuenta, las cosas ya habrían dejado de ser como eran.

Finalmente, llegó el día. Paola se marchó lejos. Flavio aún recuerda ese último beso que ella le dio antes e irse y todas aquellas palabras que cruzaron su mente pero no pudo decir. La dejó irse, porque no era dueño de su vida. No quería complicar más el momento aunque muchas veces pensó que quizás debió hacerlo. Se guardó sus emociones e ideas en el fondo de su mente y su alma e intentó seguir adelante. Al principio fue muy jodido, pero tenía que hacerlo. Ella se fue y ya no había marcha atrás. Pero tampoco estaba todo dicho y este no era el verdadero final de la historia. No podía serlo.

Ángela y Flavio se encontraron algún tiempo después. No tenían noticia alguna sobre Paola y todo lo que había pasado había comenzado a dejarse detrás. Decidieron verse en onda de amigos para saber que había sido de sus vidas. Ella volvería a Chile en un par de meses y Flavio se mudaría a Lima en el mismo periodo de tiempo. Había pensado en trasladarse de universidad, ya que desde un inicio había penado estudiar en ese lugar pero por ciertos factores externos no había podido hacerlo antes. Pero otro de los motivos que tenía asolapadamente –y uno de los más fuertes- era que le dolía permanecer en esa ciudad en la cual cada calle le hablaba de la mujer que amó y que se fue. Quería un comienzo nuevo y fresco.

Mientras conversaba con Ángela, le sorprendió que de un momento a otro ella le pida disculpas.

-¿Por qué te disculpas?

-Pucha, Flavio. Yo sabía que tú estabas enamorado de Paola... Un amigo tuyo me lo dijo y aún así sucedió lo que pasó.

-No, no te preocupes… Eso pasó hace tiempo. No hay ningún problema.

-No… lo que pasa es que tú nunca supiste que en esos días Paola pensaba terminar con Alejandro porque en realidad ella estaba enamorada de ti.

¡Joder! Eso hizo que una herida en Flavio que ya había comenzado a cicatrizarse se abriese de nuevo. Todo ese tiempo Paola le había correspondido y él había sido el imbécil de mierda que no se atrevió a luchar, a arriesgarse. Un nuevo mar de dudas y remordimientos apareció en su mente y la pregunta más dolorosa que llegó a hacerse fue “¿Qué tal si hubiese sido distinto?” Se pasaba los días y las noches imaginando posibles escenarios donde las cosas resultaban mejor para ambos. Pero en fin, ya era tarde para eso.

O eso creía.

No lo esperaba, pero la vida le dio una segunda oportunidad. Dos meses antes de mudarse, recibió un mensaje de texto en su celular. Era Paola. Estaría unos días en la ciudad y quería verlo. Quedaron en encontrarse en el parque donde siempre se sentaban a conversar. Cuando Flavio la vio no podía creerlo. Ahí estaba ella frente a él nuevamente y más hermosa que nunca. Se saludaron muy efusivamente y empezaron a conversar sobre cómo habían resultado sus vidas en los últimos meses –casi un año, a decir verdad-. En un momento, Flavio le propuso caminar por ahí. Siguieron conversando sobre cualquier cosa, hasta que de pronto él tuvo la necesidad de cambiar el tema.

-¿Sabes? Durante todo este tiempo hubo algo que siempre quise decirte –le dijo Flavio mientras caminaban.

-¿Sí? ¿Sobre qué?

-Sobre nosotros… La verdad no puedo saber a ciencia cierta que pensabas o sentías en ese entonces respecto a lo que pasó entre nosotros, pero la verdad es que, aunque nunca llegué a decírtelo, yo estaba templadaso de ti. Estaba jodidamente enamorado de ti. Hasta los huesos. Cada parte de mi quería gritártelo pero a pesar de eso yo me mantuve en silencio. Creo que fui un idiota increíble por no habértelo dicho en su momento, pero más vale tarde que nunca. Yo…

De pronto Flavio se quedó callado y observó el lugar donde habían llegado. Aquella calle tenía un significado particularmente especial para él. Ahí, una noche como aquella, más o menos dos años atrás, ellos dos se besaron por primera vez. Paola lo miraba fijamente.

-Pao… ¿Recuerdas que pasó aquí? –preguntó Flavio mientras veía como los ojos de Paola se iban poniendo rojizos y él sentía como los suyos se humectaban lentamente.

-Si… Lo recuerdo bien, como si hubiera sido ayer. Flavio, la verdad es que todo ese tiempo yo también sentía lo mismo por ti. ¡Lo sentía con tanta fuerza! Pero tenía miedo de que tu no sientas lo mismo, tenía miedo que sólo haya sido un juego para ti.

-Siente esto –le dijo Flavio mientras ponía la mano de Paola sobre su pecho-. Siéntelo latir. Late por ti desde la primera vez que te besé hace dos años atrás en este mismo lugar y nunca dejó de hacerlo, siente como aumenta su velocidad. Es por ti. Eso no se puede fingir. Paola, yo te amo y lo hago desde hace mucho tiempo.

-Yo también te amé Flavio y mucho. Pero las cosas ahora son distintas –dijo Paola al borde de las lágrimas-. Tú has continuado tu vida aquí y pronto te irás y yo hice lo mismo donde estuve. Por más que quisiera no puedo aferrarme al pasado y tú tampoco debes hacerlo.

-Lo sé, sé que no debo, pero no quería verte de nuevo sin hacerte saber lo que sentía en realidad. Puta madre, me siento como un imbécil por no haberlo hecho cuando debí hacerlo. Pero al menos ahora tuve la oportunidad… Paola, no sé que sea lo que nos depare el mañana. No sé si luego de hoy nos volvamos a ver alguna vez. Pero es cierto que yo te amé y aún lo hago. Es la única certeza que me queda. Sólo espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar algún día, pero si no, sólo me queda decirte que por favor te cuides demasiado y seas feliz.

Luego de esto se besaron. No fue un beso lascivo o apasionado. Fue uno tierno, como el primero que se dieron. Aquella calle que fue testigo de su primer beso, también lo fue del último. El mismo lugar, la misma luna en lo alto, las mismas emociones ardiendo dentro de ellos.

Paola regresó a Piura y Flavio viajó a Lima a empezar una nueva etapa en su vida. Cada uno siguió con sus vidas con la esperanza de que se volverían a ver en algún momento o conseguirían al menos superar su situación, salvando los recuerdos de buenos momentos, de una buena historia. Sea como fuere, sabían que aunque al principio sería difícil, a la larga estaría bien.

Aún así, este no era realmente el final.

Continuará...

Por Mario Bazzetti

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