martes, 25 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (epílogo)



Llamada Lima-Piura:

Ring… Ring... Ring...

-Aló

-¡Hola, Polola!

-¿Flavio?

-¡Vaya, me reconociste!

-¡Claro! Eres el único que me decía así. ¿Cómo estás? A los años que sé de ti.

-Bien, bien. Todo está de puta madre últimamente.

-¡Qué chévere! Pero cuéntame, ¿qué novedades?

-Pues ahí, en la universidad. Un toque jodido con los parciales y todo, pero creo que voy bien. Aparte he vuelto a escribir después de tiempo y me ha sentado bastante bien sobre todo ahora que estoy sin banda y tengo mi guitarra abandonada.

-¡Qué mostro! Tienes que pasarme lo que estás escribiendo ahora. Siempre escribiste bacán. Me gustaban tus poemas. Aunque también tocabas paja, ¿por qué dejaste de hacerlo?

-Gracias, Paolita. Pucha, es la falta de tiempo y todo eso… Más bien llamaba para felicitarte, ya me enteré de la boda.

-¡Gracias, Flavio! Pues sí, los rumores son ciertos, me casé hace un par de meses.

-Me imagino que debes estar muy feliz.

-Sí, Flavio. Cómo no tienes idea. No pensé que llegaría este día o que sería de este modo, pero pasó y estoy feliz en verdad.

-Qué bueno, Polola. Me hubiese gustado verte con el vestido blanco caminando al altar, pero ni modo. Tendré que conformarme con imaginarlo.

-Pucha, hubiera sido mostro que estés aquí. Pero has estado desaparecido todo este tiempo. No tenía como ubicarte para contarte. Más bien, ¿cómo así conseguiste el número?

-Me lo pasó tu prima Milagros. Pude comunicarme con ella por internet y le pedí el fono para poder saludarte.

-Manya, que chévere. ¿Este es tu número?

-Así es.

-Mostro. Voy a guardarlo por si acaso. Seria chévere no volver a perder contacto.

-Claro, buena voz.

-Oye, te cuento. ¡Voy a ser mamá!

-¿En serio? ¡Qué paja!

-¡Sí! Estoy emocionadísima, no sabes. Ya quiero que nazca.

-Algo me dice que va a ser una niña. Y va a ser hermosa como la madre.

-Awww… Gracias, Flavio. Tu siempre tan lindo.

-De nada, sólo digo lo que pienso. Oye, es curioso como resulta todo ¿no? La verdad es que antes cuando te imaginaba en un altar siempre estaba yo al costado.

-Hubo veces en que pensé lo mismo, pero la vida es impredecible, mi Flavio. Aún así supongo que a la larga es mejor para todos.

-Sí, supongo que sí. Había otra cosa que quería decirte.

-¿Qué es?

-Gracias.

-¿Por qué…?

-Por los recuerdos. Gracias por los recuerdos. Es en serio.

-Gracias a ti también, Flavio. Siempre es bonito recordar aquellas épocas.

-Lo sé… Después de todo, son esos recuerdos lo único que nos queda. Nuestra propia máquina del tiempo.

-Es cierto. La verdad siempre extrañaré esos momentos, pero el presente es maravilloso también. Y espero que lo que venga siga siendo lo mejor para los dos.

-Pienso lo mismo. La vida siempre sigue. Bueno, tengo que irme Polola. Cuídate bastante, cuida a ese bebe que viene, asegúrate que ese fulano afortunado los cuide a ambos o sin o iré personalmente a sacarle la mierda –dice Flavio entre risas- y por favor, sobre todo… sé muy feliz.

-Gracias, Flavio. Espero que todo te vaya bien por allá y que seas muy feliz también como lo soy ahora. Cuídate bastante y da señales de vida más seguido.

-Ok, haré lo posible. Tú también manda aunque sea señales de humo. Chau, cuídate mucho.

Flavio colgó el celular y entró nuevamente al departamento. Dentro, Daniela –su enamorada- le pregunta:

-¿Con quién hablabas, amor?

-Con una vieja amiga.

-¿La que se casó?

-Así es, Dani… ¿Estás lista? Ya va a empezar la película.

-Sí, mi vida. Vamos saliendo.

Aquí sólo acaba un capítulo en su vida mientras el resto de la historia continúa. Es sólo un cambio de estación. Es sólo el presente diciéndole adios al pasado de la mejor manera posible.

Por Mario Bazzetti

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