martes, 25 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (epílogo)



Llamada Lima-Piura:

Ring… Ring... Ring...

-Aló

-¡Hola, Polola!

-¿Flavio?

-¡Vaya, me reconociste!

-¡Claro! Eres el único que me decía así. ¿Cómo estás? A los años que sé de ti.

-Bien, bien. Todo está de puta madre últimamente.

-¡Qué chévere! Pero cuéntame, ¿qué novedades?

-Pues ahí, en la universidad. Un toque jodido con los parciales y todo, pero creo que voy bien. Aparte he vuelto a escribir después de tiempo y me ha sentado bastante bien sobre todo ahora que estoy sin banda y tengo mi guitarra abandonada.

-¡Qué mostro! Tienes que pasarme lo que estás escribiendo ahora. Siempre escribiste bacán. Me gustaban tus poemas. Aunque también tocabas paja, ¿por qué dejaste de hacerlo?

-Gracias, Paolita. Pucha, es la falta de tiempo y todo eso… Más bien llamaba para felicitarte, ya me enteré de la boda.

-¡Gracias, Flavio! Pues sí, los rumores son ciertos, me casé hace un par de meses.

-Me imagino que debes estar muy feliz.

-Sí, Flavio. Cómo no tienes idea. No pensé que llegaría este día o que sería de este modo, pero pasó y estoy feliz en verdad.

-Qué bueno, Polola. Me hubiese gustado verte con el vestido blanco caminando al altar, pero ni modo. Tendré que conformarme con imaginarlo.

-Pucha, hubiera sido mostro que estés aquí. Pero has estado desaparecido todo este tiempo. No tenía como ubicarte para contarte. Más bien, ¿cómo así conseguiste el número?

-Me lo pasó tu prima Milagros. Pude comunicarme con ella por internet y le pedí el fono para poder saludarte.

-Manya, que chévere. ¿Este es tu número?

-Así es.

-Mostro. Voy a guardarlo por si acaso. Seria chévere no volver a perder contacto.

-Claro, buena voz.

-Oye, te cuento. ¡Voy a ser mamá!

-¿En serio? ¡Qué paja!

-¡Sí! Estoy emocionadísima, no sabes. Ya quiero que nazca.

-Algo me dice que va a ser una niña. Y va a ser hermosa como la madre.

-Awww… Gracias, Flavio. Tu siempre tan lindo.

-De nada, sólo digo lo que pienso. Oye, es curioso como resulta todo ¿no? La verdad es que antes cuando te imaginaba en un altar siempre estaba yo al costado.

-Hubo veces en que pensé lo mismo, pero la vida es impredecible, mi Flavio. Aún así supongo que a la larga es mejor para todos.

-Sí, supongo que sí. Había otra cosa que quería decirte.

-¿Qué es?

-Gracias.

-¿Por qué…?

-Por los recuerdos. Gracias por los recuerdos. Es en serio.

-Gracias a ti también, Flavio. Siempre es bonito recordar aquellas épocas.

-Lo sé… Después de todo, son esos recuerdos lo único que nos queda. Nuestra propia máquina del tiempo.

-Es cierto. La verdad siempre extrañaré esos momentos, pero el presente es maravilloso también. Y espero que lo que venga siga siendo lo mejor para los dos.

-Pienso lo mismo. La vida siempre sigue. Bueno, tengo que irme Polola. Cuídate bastante, cuida a ese bebe que viene, asegúrate que ese fulano afortunado los cuide a ambos o sin o iré personalmente a sacarle la mierda –dice Flavio entre risas- y por favor, sobre todo… sé muy feliz.

-Gracias, Flavio. Espero que todo te vaya bien por allá y que seas muy feliz también como lo soy ahora. Cuídate bastante y da señales de vida más seguido.

-Ok, haré lo posible. Tú también manda aunque sea señales de humo. Chau, cuídate mucho.

Flavio colgó el celular y entró nuevamente al departamento. Dentro, Daniela –su enamorada- le pregunta:

-¿Con quién hablabas, amor?

-Con una vieja amiga.

-¿La que se casó?

-Así es, Dani… ¿Estás lista? Ya va a empezar la película.

-Sí, mi vida. Vamos saliendo.

Aquí sólo acaba un capítulo en su vida mientras el resto de la historia continúa. Es sólo un cambio de estación. Es sólo el presente diciéndole adios al pasado de la mejor manera posible.

Por Mario Bazzetti

lunes, 24 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (parte 4)


Y Paola se casó. Fue algo inesperado, pero Flavio sabía que tarde o temprano pasaría –claro que cuando imaginaba al novio era muy parecido a él, pero ni modo. Encendió un cigarro y se puso a pensar en cómo había resultado la vida últimamente para ambos, más aún pensó en todas las cosas que vivieron juntos, en toda la historia que ambos escribieron en aquel momento de sus vidas. Pero sobre todo pensó en aquella vez que la conoció. Habían pasado varios años, pero sin embargo lo recordaba todo tan claramente, como si todo hubiese ocurrido ni si quiera ayer, sino hoy en la mañana luego del desayuno.

Hacía frio esa noche. El otoño acababa de llegar –un poco más tarde de lo esperado- y las hojas marchitas en el suelo de la calle eran la firma que dejaba. Flavio salió un poco más abrigado que de costumbre para evitar que la gripe que tenía se complique y termine la noche tosiendo un pedazo de alguno de sus pulmones. Una amiga suya se hacía más vieja ese día y había organizado un tono en su casa, así que iba a reunirse con unos amigos para unos previos y luego ir al otro lado. Cuando llegó a casa de Cesar, este le abrió la puerta con una lata de cerveza en la mano y le hizo pasar. Dentro estaban Gino y Ricardo, sentados en la sala.

-A la hora que llegas, loco –le increpa Gino.

-Pucha, sorry. Se me hizo tarde terminando un trabajo.

-Ya fue, no hay roche. Coge una chela antes de que se enfríe.

-Gracias. ¿En qué estaban?

-Ahí… Ricardo que contaba sus experiencias “sobrenaturales” –se burla Cesar luego de secar completamente su lata.

-Jajaja ¿sí? ¿Cómo es eso? –pregunta Flavio.

-Nada, sino que hace unos cinco días tuve un sueño medio extraño que se hizo realidad. Fue raro, loco. Pasó exactamente como lo soñé. Estos dos huevones no me creen. ¿Te ha pasado algo así alguna vez?

-Pucha eso de que se haga realidad no, pero anoche tuve un sueño muy vívido. Era bastante real, como si estuviese despierto. Pero ahorita no recuerdo muchos detalles, salvo una jato blanca de dos pisos, una iglesia y una flaca pero no la recuerdo bien. No era alguien que conozca, pero en el sueño era alguien bien importante para mí. Recuerdo que me besó, pero justo ahí me desperté. Justo cuando se ponía interesante. Lo raro es que cuando desperté tenía una sensación como de nostalgia…

-¿Qué mierda hacen contando que soñaron, huevones? Ni que fueran sueños húmedos con Mila Jovovich. Vamos de una vez que se hace tarde. Quiero ver si encuentro alguna flaca por ahí ahora –interrumpe Cesar.

La música envolvía completamente la casa de Karla -sí, con “K”. Es una aclaración que ella siempre hacía respecto a su nombre. Según ella era algo que la hacía original-. Música, alcohol y mujeres. Era todo lo que Cesar necesitaba para ser feliz, así que ni bien llegaron, se perdió de vista. Flavio se quedó con Gino y Ricardo tomando un par de tragos mientras conversaban de cualquier cojudez que les venía a la cabeza.

Ricardo alzaba la vista entre la gente de rato en rato, esperando encontrar el rostro de cierta mujer que pensaba –y esperaba- que estaría ahí. Vivía babeando por esa chica, pero las cosas no resultaban bien con ella. A pesar de haber sido miserablemente choteado más de tres veces, seguía intentando, fiel al castigo con la esperanza de que “el que la sigue la consigue”. Lamentablemente, eso iba a ser muy difícil, ya que aquella chicha en cuestión –para quien Ricardo era dulce y virginal- en esos momentos estaba pasada de tragos y revolcándose con un fulano que acababa de conocer. Golpe bajo.

Gino, por otro lado, estaba más relajado. En ese momento gozaba de un estado de tranquilidad emocional. Le era indiferente si en ese momento le salía algún plan con una chica o no, se tomaba las cosas como venían y punto. Había ido a divertirse con sus patas y esa era la idea de pasarla bien esa noche.

Flavio, por otro lado, había salido hace poco de una relación que acabó mal y estaba terminando de reconstruir la estructura de su músculo palpitante en el pecho que, en ese entonces, aún era una especie de mazamorra, una masa inconsistente. Además, siempre fue demasiado tímido con las mujeres. Fue su ex enamorada la que tuvo la iniciativa de iniciar la relación, así como de terminarla.
Sin embargo esa noche ocurrió algo diferente. Cuando por obra del azar –o el destino si es que realmente existe algo así- trasladó su vista del cigarro que acababa de apagar en un pedazo del enorme jardín interior en el que estaba, al patio de la casa que hacía las veces de pista de baile improvisada y la vio.

Aquel tímido y pajero Flavio no dudó un instante esta vez y caminó hacia ella como atraído por una fuerza magnética enorme que lo llevó a sortear a toda la gente que bailaba y hablaba –más bien, gritaba-, hasta llegar a ella y darse cuenta de que no tenía la más mínima idea de que decirle –o balbucearle-. Instintivamente, optó por no decir absolutamente nada, ya que todas las frases que cruzaron su cabeza le parecieron demasiado trilladas –o ridículas-, y la sacó a bailar. Ella pudo haberlo tratado como un insecto molesto y asqueroso que intentaba clavarle el aguijón y mandarlo a la mierda en el acto, pero él no tuvo temor de pasar esa palta. Y gracias a dios, no fue así. Sea como fuere, allí estaban los dos moviéndose al compás de una canción pegajosa de ese entonces.

Y fue así como se conocieron. Ella le dijo su nombre y a cambio él durmió esa noche pronunciándolo, ella le regaló una sonrisa y él la soñó durante noches enteras. Fue un cursi amor a primera vista. La química que apareció de repente entre los dos fue única. Esa noche, Flavio era otra persona por el sólo hecho de estar al lado de la recién conocida Paola que, por extraño que fuese, ya se iba instalando en su cabeza y bajaba a través de las venas para algún día terminar de destruir aquella masa amorfa que latía en su pecho.

El resto de la noche Flavio olvidó a sus amigos y Paola a las suyas para que pudieran seguir compartiendo las horas que pasaban. Eventualmente, ella debió marcharse junto al resto de gente que iba abandonando la casa cuando las horas pasaron y se acabo el licor. Al despedirse, ella le dio el número de su celular, esperando que aquel encuentro entre los dos no sea el único. Mientras él la observaba irse, la voz de Ricardo lo saca de su admiración, cambiando su apariencia de baboso por la de un hombre lúcido.

-¡Bien ahí, brother!

-¡Jaja! ¿Dónde están los demás?

-Afuera, ya nos quitamos todos. ¿Quién era la flaca? Está fuerte, loco.

-La acabo de conocer hoy. Se llama Paola.

-Está bien, brother. Aprovecha, aprovecha… Me parece haberla visto en algún lado, pero no recuerdo bien…

-¿Sí? Qué raro… Una cara así no la olvidaría fácilmente. Aunque fácil la debes haber visto. Es amiga de Karla. Tú manyas más a sus amigos que yo.

-Es cierto. Oe, ya vamos yendo de una vez. Me cago de sueño.

Ni bien Flavio se lanzó sobre su cama se quedó profundamente dormido. Volvió a tener el sueño que le contó a Ricardo y a los demás horas antes. Aquella casa blanca cuya puerta observaba fijamente, como esperando algo, aquella calle que ya había visto antes estando despierto, aquella iglesia en la esquina de una cuadra y aquella mujer que estaba de pie frente a él cerca a la puerta.

Pero esta vez pudo ver mejor su rostro.

“Así que tú eras la chica de mis sueños”, pensó mientras sonreía entre ronquidos. No sabía que esa mujer, tiempo después, se convertiría en su todo.

Mientras tanto, en otro lado, Paola acababa de colgar el celular y lo arrojó lejos –una conversación telefónica desagradable con otro fulano, Alejandro- mientras se echaba en su cama. Tenía muchas cosas dando vueltas en su cabeza, pero una idea nueva acababa de integrarse: aquel tipo que acababa de conocer esa noche y que había llamado bastante su atención. No sabía que tiempo después se enamoraría perdidamente de aquel sujeto.

Ninguno de los dos sabía que esto era el preludio de su sinfonía agridulce.

“La vida siguió”, pensó Flavio. “Fue algo bueno mientras duró, pero ahora son sólo viejas historias, recuerdos y nada más.”

Dadas las circunstancias, sólo quedaba una última cosa por hacer...

¿Continuará?

Por Mario Bazzetti

miércoles, 19 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (parte 3)


Desde el problemón que se armó aquella vez en que Paola vio como Ángela y Flavio prácticamente se comían sus rostros en su casa para luego irse al hostal más cercano con la intención de ceder a sus más bajos y lascivos instintos, ya había pasado algunos días. Pao se peleó con Flavio –con una apocalíptica escena de celos incluida -y con Ángela –y esto si fue una pelea real, con jaloneo de pelos y caída al suelo incluida-. Además había terminado u relación con Alejandro –con justificaciones muy cojudas- y luego desapareció del mundo.

Flavio se aventuró a su casa para saber de ella. Lo recibió con ánimos algo bajos y se veía que aún estaba resentida por lo ocurrido. Él le sacó en cara que en realidad no tenía nada que reclamarle porque no eran nada, sólo amigos que ocasionalmente se besaban y hacían otras cosas, pero no eran enamorados. Luego de conversar –más bien, discutir-, llegaron a un punto de calma. La verdad era que solamente eran amigos. Punto. Y con esa premisa en mente, empezaron a verse nuevamente como si nada hubiera pasado.

O al menos así fue al principio.

Eventualmente, empezaron los besos otra vez y los momentos compartidos de calentura y placer cuando no había nadie cerca.

Durante todo ese tiempo, Flavio había estado enamorándose cada vez más de Paola. No hacía más que pensar en ella día y noche y las veces que estaba junto a ella se sentía más vivo que nunca.

Pero pese a que la relación que tenían continuaba igual, nunca se lo dijo. Nunca demostró hasta qué punto se había estado involucrando emocionalmente. No hubo gestos románticos ni frases melosas de su parte. Era una relación abierta. Eran amigos con beneficios.

Desde que terminó con Alejandro, Paola no estuvo con nadie más a excepción de Flavio –aunque no podía considerarse del todo una relación-. Él pensaba a menudo que debería intentarlo, que debería decirle lo que realmente sentía e iniciar una relación “como Dios manda”. Pero tenía miedo. Se cagaba de miedo. Estaba asustado por el hecho de saber que ella le había sido infiel a Alejandro con él y que si estaba con ella, nada evitaba que le hiciera lo mismo. Sería un iluso, un soberano cachudo y la burla de todo el mundo. Sentía temor, además, de que ella en realidad no sintiese lo mismo por él, que ella lo vea como un fulano más y que todo lo que pasó entre ellos, los momentos que pasaban juntos, los problemas que afrontaron mutuamente, los miedos y esperanzas que compartían, sean para ella solamente un juego más, una forma de satisfacer una necesidad y matar el tiempo.

Desde que Paola y Flavio se conocieron había pasado un año y desde el momento en que empezaron su “no-relación” había pasado unos once meses. Flavio decidió un día que ya era suficiente, que tenía que dejar sus patéticos miedos detrás, ya que la búsqueda de la seguridad era una trampa que el mismo se ponía. Se auto-saboteaba negándose la posibilidad de luchar por lo que quería. Si realmente estaba enamorado, debía confiar en ella –por muy cojudo que esto pueda llegar a ser-. Además, pensó que era mejor intentar y cagarla que seguir callando lo que en verdad sentía dentro de sí mismo y que pedía a gritos salir. Fue rumbo a casa de Paola para decírselo todo claramente y que sepa por fin que la amaba.

Cuando Paola salió por la puerta, Flavio pudo ver lágrimas en sus ojos. Algo no andaba bien.

-Paola, ¿qué pasó? ¿Estás bien?

-Pucha, Flavio. Acabo de hablar con mi mama. Nos mudamos a Piura en unas semanas.

Fue una sorpresa horrible para Flavio. El día que había decidido decirle a esa mujer que la amaba, se enteró que ella se alejaría de él en cuestión de días. Se quedó frio, estático y ninguna palabra salió de su boca.

-No quiero irme Flavio.

-Entonces no te vayas… Quédate.

-No puedo. Sería quedarme con mi viejo y no quiero saber nada de él.

-Quédate conmigo.

-No, Flavio. No hay forma. Jamás me dejarían.

-Entonces yo me voy contigo.

-¿Estás seguro de lo que dices? Tienes tu vida hecha aquí… Aparte donde estarías allá. No hay forma.

-No quiero que te vayas. Voy a extrañarte demasiado.

-Yo también, Flavio.

El resto de la noche, los dos estuvieron abrazados y sentados en el patio de su casa. Casi no intercambiaron palabra alguna. Flavio no llegó a decirle lo que sentía. No pudo hacerlo con todo eso en la cabeza.

Los días siguientes continuaron viéndose como antes. Quisieron disfrutar juntos el tiempo que tenían mientras les fuese posible hacerlo. Esos días estuvieron impregnados de una nostalgia prematura al saber que, cuando se den cuenta, las cosas ya habrían dejado de ser como eran.

Finalmente, llegó el día. Paola se marchó lejos. Flavio aún recuerda ese último beso que ella le dio antes e irse y todas aquellas palabras que cruzaron su mente pero no pudo decir. La dejó irse, porque no era dueño de su vida. No quería complicar más el momento aunque muchas veces pensó que quizás debió hacerlo. Se guardó sus emociones e ideas en el fondo de su mente y su alma e intentó seguir adelante. Al principio fue muy jodido, pero tenía que hacerlo. Ella se fue y ya no había marcha atrás. Pero tampoco estaba todo dicho y este no era el verdadero final de la historia. No podía serlo.

Ángela y Flavio se encontraron algún tiempo después. No tenían noticia alguna sobre Paola y todo lo que había pasado había comenzado a dejarse detrás. Decidieron verse en onda de amigos para saber que había sido de sus vidas. Ella volvería a Chile en un par de meses y Flavio se mudaría a Lima en el mismo periodo de tiempo. Había pensado en trasladarse de universidad, ya que desde un inicio había penado estudiar en ese lugar pero por ciertos factores externos no había podido hacerlo antes. Pero otro de los motivos que tenía asolapadamente –y uno de los más fuertes- era que le dolía permanecer en esa ciudad en la cual cada calle le hablaba de la mujer que amó y que se fue. Quería un comienzo nuevo y fresco.

Mientras conversaba con Ángela, le sorprendió que de un momento a otro ella le pida disculpas.

-¿Por qué te disculpas?

-Pucha, Flavio. Yo sabía que tú estabas enamorado de Paola... Un amigo tuyo me lo dijo y aún así sucedió lo que pasó.

-No, no te preocupes… Eso pasó hace tiempo. No hay ningún problema.

-No… lo que pasa es que tú nunca supiste que en esos días Paola pensaba terminar con Alejandro porque en realidad ella estaba enamorada de ti.

¡Joder! Eso hizo que una herida en Flavio que ya había comenzado a cicatrizarse se abriese de nuevo. Todo ese tiempo Paola le había correspondido y él había sido el imbécil de mierda que no se atrevió a luchar, a arriesgarse. Un nuevo mar de dudas y remordimientos apareció en su mente y la pregunta más dolorosa que llegó a hacerse fue “¿Qué tal si hubiese sido distinto?” Se pasaba los días y las noches imaginando posibles escenarios donde las cosas resultaban mejor para ambos. Pero en fin, ya era tarde para eso.

O eso creía.

No lo esperaba, pero la vida le dio una segunda oportunidad. Dos meses antes de mudarse, recibió un mensaje de texto en su celular. Era Paola. Estaría unos días en la ciudad y quería verlo. Quedaron en encontrarse en el parque donde siempre se sentaban a conversar. Cuando Flavio la vio no podía creerlo. Ahí estaba ella frente a él nuevamente y más hermosa que nunca. Se saludaron muy efusivamente y empezaron a conversar sobre cómo habían resultado sus vidas en los últimos meses –casi un año, a decir verdad-. En un momento, Flavio le propuso caminar por ahí. Siguieron conversando sobre cualquier cosa, hasta que de pronto él tuvo la necesidad de cambiar el tema.

-¿Sabes? Durante todo este tiempo hubo algo que siempre quise decirte –le dijo Flavio mientras caminaban.

-¿Sí? ¿Sobre qué?

-Sobre nosotros… La verdad no puedo saber a ciencia cierta que pensabas o sentías en ese entonces respecto a lo que pasó entre nosotros, pero la verdad es que, aunque nunca llegué a decírtelo, yo estaba templadaso de ti. Estaba jodidamente enamorado de ti. Hasta los huesos. Cada parte de mi quería gritártelo pero a pesar de eso yo me mantuve en silencio. Creo que fui un idiota increíble por no habértelo dicho en su momento, pero más vale tarde que nunca. Yo…

De pronto Flavio se quedó callado y observó el lugar donde habían llegado. Aquella calle tenía un significado particularmente especial para él. Ahí, una noche como aquella, más o menos dos años atrás, ellos dos se besaron por primera vez. Paola lo miraba fijamente.

-Pao… ¿Recuerdas que pasó aquí? –preguntó Flavio mientras veía como los ojos de Paola se iban poniendo rojizos y él sentía como los suyos se humectaban lentamente.

-Si… Lo recuerdo bien, como si hubiera sido ayer. Flavio, la verdad es que todo ese tiempo yo también sentía lo mismo por ti. ¡Lo sentía con tanta fuerza! Pero tenía miedo de que tu no sientas lo mismo, tenía miedo que sólo haya sido un juego para ti.

-Siente esto –le dijo Flavio mientras ponía la mano de Paola sobre su pecho-. Siéntelo latir. Late por ti desde la primera vez que te besé hace dos años atrás en este mismo lugar y nunca dejó de hacerlo, siente como aumenta su velocidad. Es por ti. Eso no se puede fingir. Paola, yo te amo y lo hago desde hace mucho tiempo.

-Yo también te amé Flavio y mucho. Pero las cosas ahora son distintas –dijo Paola al borde de las lágrimas-. Tú has continuado tu vida aquí y pronto te irás y yo hice lo mismo donde estuve. Por más que quisiera no puedo aferrarme al pasado y tú tampoco debes hacerlo.

-Lo sé, sé que no debo, pero no quería verte de nuevo sin hacerte saber lo que sentía en realidad. Puta madre, me siento como un imbécil por no haberlo hecho cuando debí hacerlo. Pero al menos ahora tuve la oportunidad… Paola, no sé que sea lo que nos depare el mañana. No sé si luego de hoy nos volvamos a ver alguna vez. Pero es cierto que yo te amé y aún lo hago. Es la única certeza que me queda. Sólo espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar algún día, pero si no, sólo me queda decirte que por favor te cuides demasiado y seas feliz.

Luego de esto se besaron. No fue un beso lascivo o apasionado. Fue uno tierno, como el primero que se dieron. Aquella calle que fue testigo de su primer beso, también lo fue del último. El mismo lugar, la misma luna en lo alto, las mismas emociones ardiendo dentro de ellos.

Paola regresó a Piura y Flavio viajó a Lima a empezar una nueva etapa en su vida. Cada uno siguió con sus vidas con la esperanza de que se volverían a ver en algún momento o conseguirían al menos superar su situación, salvando los recuerdos de buenos momentos, de una buena historia. Sea como fuere, sabían que aunque al principio sería difícil, a la larga estaría bien.

Aún así, este no era realmente el final.

Continuará...

Por Mario Bazzetti

sábado, 15 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (parte 2)


Cuando Paola y Flavio se conocieron en aquella fiesta, hubo una química innegable desde el comienzo. Era como si una fuerza de la naturaleza los atrajese mutuamente desde que sus ojos se cruzaron por primera vez. Quizás sea tonto hablar de un amor a primera vista, pero era algo bastante fuerte de todos modos.

Se vieron días después de aquella noche y salieron un par de veces a caminar por las calles de aquella ciudad mientras que con cada conversación iban empezando a conocer un poco más de aquellos complejos universos que encerraban dentro de sí mismos, a veces acompañados con una botella de vodka y otras veces era sólo la niebla y uno que otro perro o gato que cruzaba la banca del parque donde se sentaban el único testigo del tiempo que compartían.

Una noche, mientras caminaban juntos rumbo a casa de Paola, ella se detuvo en la esquina de una calle vacía, en la espalda de una iglesia de mormones. Flavio la miró fijamente a los ojos, esos ojos que decían algo que las palabras no expresaban. Y se besaron. Fue algo instintivo, repentino, pero ambos lo deseaban hacía algún tiempo.

Las ocasiones siguientes en que se vieron, todo transcurría como si nada. Es decir, seguían siendo amigos, no había entre ellos dos una relación digamos “formal”. Salían como amigos, hablaban, reían, se divertían, iban al cine, se visitaban mutuamente muy seguido, salían a alguna fiesta, se seguían besando cada vez que se veían y más de una vez –más de mil veces- las manos de Flavio se perdían debajo de la ropa de Paola, pero no eran enamorados. Es más, nunca tocaron el tema en alguna conversación. No les parecía realmente necesario. Eran una especie de “amigos con derechos”. Y la verdad es que les funcionaba bastante bien. La relación que mantenían era de puta madre y eso era algo que ninguno de los dos podría negar jamás. Además, Flavio se sentía cómodo en esa situación, ya que nunca había tenido una relación estable con nadie y le gustaba disfrutar de cierta libertad. No quería rendirle cuentas a nadie sobre nada.

Pero hubo una inquietud que Flavio empezó a tener algunas semanas después. Algunas llamadas que ella prefería no contestar cuando estaba junto a ella, algunas veces que cancelaba sus encuentros en el último momento, entre otras cosas. Había algo extraño. Pero no era algo que le obsesionase. Se tomaba las cosas con calma.

Un día, Flavio se encontró con Ricardo, un amigo suyo. Él también estuvo presente el día que conoció a Paola y le había parecido conocida, pero no conseguía recordarla.

-¡Habla, brother! ¿Cómo estás?

-¡Ricardo! Bien, loco ¿cómo andas?

-Ahí, relajado. Estaba de camino a la casa de Paola. Habíamos quedado en vernos.

-Ah ya veo. Loco, ¿recuerdas que la otra vez te dije que me parecía haberla visto antes?

-Claro. ¿Qué fue?

-Pucha, la otra vez me pareció verla cerca a mi jato con un pata que vive por ahí también. Estaban bastante “cariñosos”, ¿entiendes? No sé si fue ella o fácil me habré hueveado, pero ten cuidado por si las moscas.

-Manya… Ok, loco. Gracias por el dato –respondía un sorprendido y dubitativo Flavio.

Unos minutos más tarde, estaba en casa de Paola. No había nadie más en la casa. Mientras se besaban apasionadamente sobre el sofá de la sala, el celular de ella empezó a sonar.

-¿Quién es, ah? –pregunta Flavio, que nunca antes había optado por hacerlo.

-Es Alejo –dice ella colgando el celular-. Tengo que decirte algo. Tengo enamorado –decía Paola desviando su mirada.

-Ya veo –dice Flavio disimulando la sorpresa que igual lo cogió pese a las advertencias de Ricardo-. ¿Cuánto tiempo van juntos?

-Dos meses.

-O sea cuando nos conocimos ya estabas con él.

-Sí, pero las cosas con él van de mal en peor. No sé si seguir con él.

-Entiendo –responde Flavio, aunque no lo hacía del todo.

-Pucha, fácil debí decírtelo antes. Fui una cojuda, sorry. La verdad, por favor disculpame.

-No… no te preocupes. Creo que debo irme.

Mientras él salía de su casa, ella lo seguía hasta la puerta. Flavio pensaba en que había hecho mal. Un pobre iluso estaba siendo cachudaso por obra y gracia de él, aunque bueno, suya no era toda la culpa. En verdad la gustaba esa chica –y demasiado-, pero si tenía enamorado era mejor evitar que las cosas sigan como están. No le dolió demasiado en realidad, pero era una situación bastante incómoda.

Cuando estaba en el umbral de la puerta principal, ella se acercó para despedirse. Cuando la vio tan cerca y se perdió en sus ojos, no pudo evitarlo y la volvió a besar con más ímpetu que antes, para luego hacerle el amor sobre el sofá.

“¡Qué chucha! Si ya la cagamos, vamos a cagarla bien”, pensó.

La situación actual se mantuvo. Ella siguió siendo enamorada de Alejo y sacándole la vuelta con Flavio que se lo tomaba todo muy deportivamente. No tenía miedo de ninguna represalia que el otro pudiese tomar en su contra –sabiendo que el patita en cuestión tenía cierta fama de energúmeno- y tampoco se preocupaba por ser él quien resultase mal parado de la situación. Pensó que podría mantenerse seguro emocionalmente.

Craso error, craso error.

Los días se hicieron semanas y las semanas meses. Supieron mantener su amor furtivo oculto de modo que las cosas no se compliquen para ambos. Durante ese tiempo, siguieron viéndose y manteniendo la relación que tenían tal y como estaba. Para Flavio, pese a que le gustaba demasiado aquella mujer, no estaba templado. Era sólo una chica que le gustaba demasiado, eran sólo amigos con algún beneficio, era sólo sexo y amistad –cómo si ambas cosas fuesen fácilmente compatibles-. Pero a medida que pasaba el tiempo y la conocía más, a medida que iba adentrándose a su vida y ella a la de él, Flavio no pudo evitar empezar a sentir algo más por ella. Había empezado como algo casual, casi un juego y terminó convirtiéndose en algo mucho más fuerte, algo que ya no le era posible controlar. Había empezado a amar cada cosa de ella, sus virtudes, sus aciertos, sus errores, sus defectos. Quizás por eso optó por seguir con las cosas como estaban. Prefería tenerla aunque sea de esa manera a no ser parte de su vida.

Ya era tarde: había comenzado a enamorarse perdidamente de esa mujer que en realidad mantenía una relación con otro sujeto. “¿Por qué con ese y no conmigo?”, se sorprendió pensando más de una vez. Y es que le era curioso el hecho de que en realidad parecía que ella lo prefería a él antes de que “al firme”, ya que cuando estaba con él y el otro llamaba, nunca optaba por contestar, porque cuando Alejandro quedaba en ir a verla y aparecía Flavio, ella cancelaba su encuentro a último momento y cuando él llegaba a algún lugar y Paola estaba ahí con Alejandro, ella lo dejaba de lado para ir a saludar a su “amiguito” y se quedaba con él el resto del rato mientras el pobre –e irritado, irritadísimo- Alejandro se quedaba en un rincón incrementando sus dudas, sus sospechas, sus odios.

Un buen día –en realidad un mal día o más bien, una mala noche- Paola hizo una fiesta en su casa. Flavio fue con algunos amigos. Todo transcurría normalmente, a excepción de que Alejandro estaba en la casa y esta vez, con toda la gente ahí, Paola debía seguir con la charada. Ahí estaba ella jodidamente acaramelada con el adornado Alejandro mientras en el otro extremo, Flavio les observaba con un cuba libre en la mano y era poseído por algo que nunca lo había poseído de ese modo: los celos más jodidos que sintió jamás. Sería pésimo que se le ocurra hacer una escena, no tenía “legitimidad para obrar”, no había una relación “real” entre Paola y él –al menos frente a los terceros-. Su verdadero enamorado era Alejandro. “Qué fea mierda”, pensaba mientras secaba su vaso.

Un poco más allá, estaba Ángela. Desde que llegó del país del sur, había sido una de las mejores amigas de Paola –o eso aparentaba-. Algo que era un poco evidente en ella era el interés que tenía hacia Flavio y hacia Alejandro –oh, ironía-. Flavio se acercó a ella y empezó a hacer conversación. Luego le ofreció entre risas acercarse al grupo con el que él estaba tomando. Cuando llegaron a esa parte de la sala sólo había un asiento vacío que él le ofreció, pero ella le pidió que sea él quien se siente, para luego sentarse sobre él. Era placentero tener a esa hermosa y sensual mujer sentada sobre él, coqueteándole abiertamente. Flavio prácticamente no hizo nada desde ese momento, ya que era ella quien ahora buscaba que se dé algo.

Cuando se besaron, Paola los vio a lo lejos y su ánimo cambió completamente. De estar alegre y tranquila, paso a estar invadida por los celos y la rabia. Sin embargo, mantuvo la compostura por un buen rato. No obstante la perdió por completo cuando vio como Flavio y Ángela salían juntos de la casa para subirse juntos a un taxi –considerando que Ángela vivía a la vuelta de la casa de Paola-. La situación de Paola y Flavio se había invertido ahora. Fue el primer punto de quiebre, pero aún debían suceder más cosas entre ellos dos.

Continuará...

Por Mario Bazzetti

viernes, 14 de mayo de 2010

Extraño hablar contigo o extraño que habla contigo (Final)


No se cabroneo en ningún momento y rápidamente golpeo al primo del zambo con una fuerte patada, cobrando revancha de lo anterior, ni bien se encontraron regados por el suelo, Sebastian sin asco y ningún remordimiento les pateo las caras como si fuesen pelotas de futbol y el estuviese en una definición de cuartos de final de la champion legue. A punto de intentar escapar del lugar como si de un prófugo se tratase, la intervención policial no se hizo esperar y varios agentes ya lo habían rodeado hasta poco a poco reducirlo.


Aquella tarde los implicados en ocasionar disturbios en la calle, alterando el orden publico y la paz social, fueron conducidos hasta la comisaria de magdalena. Ni bien llegaron, Sebastian a telefoneo a fiel amigo y colega André Blázquez para que pudiera acabar con la absurda detención. Dieron las 6:34 pm y André ya había tenido una “ seria charla” con el capitán de turno, los términos habían acabado de la mejor manera, una pequeña contribución para un par galones de gasolina de 84 octanos con la finalidad de apoyar a los muchachos en sus rondas.



El sol ya se estaba escondido mientras André Blázquez manejaba y veía de reojo los puños rasgados de su amigo que miraba a la nada mientras escuchaban a todo volumen “ mala sangre” de la liga del sueño. El semáforo dio en rojo y fue suficiente para que André bajase a cero el volumen y dijese:

— Oe, qué chucha te pasa huevon! — ya fue pues, déjate de cojudeces de una buena ves. acaso no te has puesto a pensar que eres un extraño ahora, que tal vez los últimos meses realmente dejaste de existir para la cojuda esa, ya no sé que mierda más quieres saber si es tan claro como el agua, eres más que un extraño que extraña y sigues persiguiendo respuestas absurdas.
— Ya sé huevon!- grito Sebastian mientras la luz del semáforo cambio y se torno en verde.

— Te dejo en la Avenida cholito, Ángela esta que jode con el tema de que cumplimos un año y tanta maricona que les gustan a las hembritas. Estamos en contacto para tomarnos un traguito con guille ¿vale?


— Ya loco , de puta madre y gracias por todo de verdad, ya de ahí te doy unos tips

— Si… webón… bastante


— Hablaos

Nada como llegar a casa y ponerse a dormir sobre el suelo con las luces apagadas y música a todo volumen. Era clásico que Sebastian desde que se encontrara solo hiciera lo mismo siempre, pensar en su pasado y bloquearse en respuestas absurdas del porqué sin llegar a nada hasta quedarse plácidamente dormido y despertar para seguir con las labores, pero hoy era distinto, el volumen era imperceptible para sus oídos, creyó que era hora de dejar caer el pasado y tornarlo en un matiz distinto, en un matiz real. No querer afrontar lo evidente y tratar de pretender que todo estaba bien.






Sebastian empezó a hablar en vos alta:


Que chucha puede estar bien en todo esto, ya era suficiente, las cosas cambiaron y fueron imperceptibles para mí, me deje llevar por los días hasta que me perdí en la bruma del espacio y tiempo, me extinguí antes de tiempo, festeje antes de campeonar otra vez, como siempre lo hice. Aquellas veces ya las risas que creí escuchar traían un lamento subyacente. Esto me hacía pensar mucho en la película “sexto sentido” debido a que yo al igual que Bruces Willis, no me había percatado de mi inexistencia y que mi presencia para la persona más importante no era fundamental para afrontar el mañana.


Entonces me di cuenta que era un completo extraño, el hecho de haber escuchado que me extrañaba me resultaba inverosímil, que carajos puede extrañar de mi ahora si todo ya paso, porqué no extraño las noches en que antes de dormir contábamos estrellas fosforescentes, las risas del desenfado, las jodas , los besos, las tardes de verano, las noches en las que la despertaba para abrazarla, las mañanas de sol brillante ,el hacer el amor ,las cosquillas hasta no poder respirar, mi ira, mi dejadez, mi ternura y mi euforia, mi música, mi todo. Tal vez ella dejo de existir primero y la mujer de la cual me enamore y que aun siento tomar sus manos con dureza, como aquella vez en el Play land park hacia tantísimo años, por las noches, tomó el tren más veloz y sin escalas para seguir su ruta, mientras que yo la espere y busque por cada estación, hasta no poder encontrar vestigios de sus paradero.


Sebastian paso las siguientes horas visitando calles, huecos, casas, pasajes, avenidas, hoteles,parques,teatros y estadios hasta llegar a las 4:57 am a estar parado frente a la ventana de su cuarto, pudo tocar el vidrio y verla descansar.



5 años atrás
— ¿En qué piensas amorcito?- pregunto Niere con vos calmada

— Nada, te quería decir algo


— ¿Qué? Espero que no sean pendejadas o alguna obscenidad

— No seas monse, cierra los ojos – Sebastian se acerco hacia el cuello de Niere y sopló suavemente sobre su piel y su lóbulo derecho.


— ¿y eso amor?

— Cuando yo ya no esté acá contigo ,esta será la forma de decirte lo mucho que quiero.


— Jajajaj ay sonso siempre estarás conmigo, así que no te libraras nunca de mi, porque eres mío de mi y de nadie más ¡He dicho!

— Pffff Por favor jajajaj así no dice mi contrato, tengo carta libre para fichar en cualquier momento a otro club jajajaj es joda, esperemos que sea así



Esa noche Sebastian soplo sobre la ventana pretendiendo llegar hacia ella, quiso pensar que ella lo recordó por ese instante. Llego a casa relajada y antes de cerrar los ojos y mirando hacia el techo y sin ninguna estrella en las paredes dijo — Yo también te extraño y se cago de risa.


Por Raúl Aranda

Extraño hablar contigo o extraño que habla contigo (2da parte)


Ya no había vuelta atrás, Sebastian se encontraba cara a cara con el infeliz del taxista-ahora pues chibolo de mierda, te voy a sacar la entre puta shshsh entra pe!- decía el taxista- Para la mala suerte de Sebastian, su oponente mantenía una diferencia significativa en cuanto a talla, pero nada estaba dicho antes de nada, esa frase la había aprendido muy bien desde aquella ves que Argentina fue eliminada del mundial 2002. Aún maldice a Bielsa por no juntar a Batistuta y a Crespo en el mismo partido contra Suecia.


Un tumulto de gente rodeo el semi círculo que se había formado en apenas 3 minutos, como consecuencia de las agresiones verbales que llevaron a propiciar el conflicto. El” zambo” como lo llamaban sus conocidos que lo apoyaban a su alrededor, mantenía una pinta de berraco, los cabellos grasientos con un corte militar y una fucking trenza de por lo menos 15 cm de longitud y que además se desprendía de su nuca y lo presumían todo un Jedi de star wars del llaoca.


Los contendientes empezaron a moverse de un lado al otro, en otras palabras, se estuvieron cuadrando y midiendo sigilosamente, hasta que el zambo empezó la bronca con un derechazo izquierdo que golpeó fuertemente el rostro de Sebastian, llegando a aturdirlo por el instante en el que solo podía defenderse de los ataques múltiples que le estaban propinando en aquel momento.

--Uyuyuy… ¿qué pasó chibolo? ¡Ahora achorate pe webón!-decía el zambo mientras mantenía acorralado a Sebastian

--¡calla reconchatumadre la puta que te pario! – exclamó bastian mientras se defendía de los golpes que se le estaban propinando

No encontró mejor momento para zafar del certero ataque con un fuerte gancho ascendente, Shouryuu-ken (dijo en su mente), en el mentón del zambo que lo hizo retroceder unos metros, para Sebastian recién empezaba la real pelea. Sin titubeos se abalanzo contra el cuerpo del zambo y comenzó a arremeter como si se tratase de vida o muerte, no le importo que el zambo se resbalase para seguir sacándole la mierda como se dice habitualmente en Lima. Justo en el momento en que se preparaba para darle la estocada final, siente un feroz golpe sobre su nuca, que lo deja desconcertado, casi a punto de perder el conocimiento; golpe tal cual que lo deja a un lado de la zona de pelea, sin embargo, puede visualizar que quién le propino el golpe era más y menos que el sujeto que acompañaba al zambo en el taxi, que al final de cuentas resulto ser su primo, puta mare que tal concha.


Intentando recuperar la conciencia y manteniéndose en una esquina, Sebastian observaba con sigilo los movimientos del primo, quien estaba ayudando al zambo a reponerse. Las voces internas del ayer se distorsionaban como la reproducción de un cassete viejo. Excitado a más no poder y la adrenalina recorriendo sus venas, solo una frase pudo aparecérsele por su mente, el famoso lema del tío George



El tío George era un personaje muy peculiar para mucha gente en la ciudad, era de aquellos tipos que cambiaba de personalidad y de estado de ánimo en el transcurso del día, como si de ropa se tratase. Desde empezar con una inmensa alegría y jovialidad durante las mañanas, seriedad y bondades por las tardes, pero era la noche y su dulce combinación de licores y mujeres que lo jodia completamente hasta llegar a ser un desadaptado, agresivo, compulsivo y depresivo, llegando al más sublime estado llamado “ diablos azules’


Usualmente encontraba apasionante encarar a quien chucha sea para satisfacer su sed de violencia. El ritual comenzaba con un monólogo que había repetido cientos de veces


— ¿Quién soy yo?—exclamaba con dureza


— ¡Quien soy yo! — ahora gritaba fervientemente mientras se recorría el bar para encarar a su próximo oponente.


— ¡Quién soy yo! — última advertencia y pregunta retórica para el elegido, que con cierta razón respondía por así decirlo ingenuamente, ya que todos los recurrentes sabían la respuesta,el password , la clave o el código para salir de satisfactoriamente de aquella encrucijada, como si se tratase de un examen de grado.
La respuesta era simplemente decir una frase en vos alta y mirándolo a los ojos


— ¡ eres George! —si respondías así, nada te pasaría, y hasta podían felicitarte e invitarte un par de chelas o unos vasitos de whisky, pero ¿qué pasaba si es que eras nuevo y no decías nada o simplemente respondías cualquier pachotada? tipo: eres el mejor, eres un rechucha, un conshasumare, etc. Si esto pasaba, era previsible que George contestara de la siguiente manera:


— ¡Respuesta equivocada! Con la mirada al vacio mismo terminador de los 80s y con una vos afónica, empezaban los diablos azules y su clásica frase que resumía la pelea de todas las noches— Pam-Pum-Plin, un zapatazo en la cara y ya está. Lo demás es otra historia.

Continuará...

Por Raúl Aranda