miércoles, 28 de abril de 2010

Gracias por los recuerdos (parte 1)


-Oe brother, préstame tu laptop un toque.

-Puta madre, ya te vas a enviciar de nuevo en esa cojudez. Una vez que la agarras ya nadie te despega.

-Es un rato solamente, quiero chequear una huevada no más.

-Ya, ya. Dale.

-Chévere.

-Oye ¿qué es lo que querías ver, ah?

-Nada, sólo que me dijeron algo hace un par de horas y quiero saber si es verdad –respondía Flavio sin despegar los ojos de esa maldita pantalla.

-A manya. No se te ocurra poner música ahorita. Ya va a comenzar el segundo tiempo.

-No loco, ni cagando.

-Está bien, está bien. Ya empezó.

El sonido de los dedos golpeando las teclas se mezclaba con la narración de los comentaristas que, entusiasmados, hablaban de las jugadas de los miembros de la selección como si fuesen héroes que por fin llegarían a representar al país en un mundial después de décadas. Era, por supuesto, una ilusión y nada más que una ilusión.

El mouse en la pantalla se movía rápidamente un click tras otro. Flavio continuaba observando fijamente la pantalla, casi sin respirar. Había escuchado algo de boca de una amiga a quien no veía hace mucho tiempo. Las palabras que le dijo le impresionaron bastante, pero no lo creyó en un primer momento.

Era difícil de creer, después de todo ella aún era joven y tenía toda una vida por delante, tantos proyectos… Era difícil de creer, pero no era imposible. Ya había visto algo parecido antes, pero bueno, nunca había estado realmente involucrado en ello como ahora -aunque sea indirectamente.Tenía que verlo con sus propios ojos o, en su defecto, a través de ese jodido monitor. Era increíblemente impersonal, era una manera fría, pero la más efectiva que tenía a su disposición en esos momentos para confirmar aquel rumor que le carcomía las entrañas.

Finalmente, entró a su página de facebook y vio aquello que temió ver. “Situación sentimental: Casada”.

“Casada, ada, ada, ada…” Esas letras se grabaron en su cabeza, como si un fierro al rojo vivo se la hubiese escrito en su nalga derecha, como a una res.

Arriba de aquel “epitafio” estaba su foto de perfil, ella con el vestido blanco (jaja, blanco… si, claro…) y el ramo de flores en su mano, hermosa como siempre y con esa una puta sonrisa de postal. A su lado un tipo con cara de imbécil y ligeramente más alto que ella, con una mueca congelada que debía ser una especie de sonrisa pero no estaba del todo seguro.

“Goooool”, se oyó en el televisor. Fue un gol en contra, definitivamente.

-¡La puta madre! –gritaba Jorge, maldiciendo al arquero.

Mientras Jorge vociferaba a viva voz, miles de maldiciones rugían en la cabeza de Flavio. El rumor que había escuchado temprano era triste pero cierto: Paola se había casado hace un par de días con aquel fulano de Piura.

¿Cómo puede reaccionar uno al enterarse que una de las mujeres que más quisiste (quizá la única que amaste en verdad) se olvidó completamente de ti y se casó con otro tipo que ahora debía estar revolcándose con ella en su luna de miel? ¿Cómo debe uno reaccionar, considerando que la última vez que escuchaste su voz –esa voz que tanto amas/odias por reducirte a escombros para volverte a construir y reducirte a un trozo de mierda de nuevo- fue sólo semanas antes de que se comprometa con otro iluso?

Es imposible saberlo. Lo haces por instinto. Esas cosas pasan y tienes que afrontarlas como puedas. Punto.

La verdad es que aunque le jodió increíblemente, la noticia le afectó menos de lo que pensó. Quizás ya había tenido algún tiempo para ir dejando desperdigados por ahí los trozos de su historia, como migas de pan. Quizás en realidad este podría ser el final definitivo que ansió por tanto tiempo. Aunque hiriente, ya sabía al menos que –para bien o para mal- no habría puntos suspensivos esta vez. Pero para entender todo esto, tendríamos que comenzar por donde se debe. Es necesario poner la marcha en reversa y ver esa película de hace algunos años atrás.

Continuará...

Por Mario Bazzetti

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