martes, 24 de agosto de 2010

Plancha quemada


Esta es una historia real, le paso al amigo de un conocido de la hermana de la ex novia de un primo lejano. Se llamaba Fernando. Acababa de cumplir los treinta años y estaba recién completamente recuperado de una intervención quirúrgica que había tenido un mes atrás. Un día caminando por un parque cerca a su casa mientras leía un periódico, se tropezó -literalmente- con Elizabeth –que iba leyendo un catálogo de Ebel-, una chica de veintisiete años que vivía a unas cuadras de aquel lugar. Mientras se incorporaban, no pudieron evitar verse fijamente. La atracción entre ellos dos fue mutua y bastante intensa desde ese momento. Es decir, quién no se sentiría atraído por esa mujer de ojos verdes, cabello largo y oscuro, piel bronceada y un cuerpo firme y bien proporcionado. Y Elizabeth vio en Fernando al tipo de hombre que describía cuando le preguntaban “¿cómo es tu hombre ideal?” Luego de intercambiar un par de palabras y risas se auto-presentaron y fueron a tomarse un café por ahí –por iniciativa de Fernando que solía ser bastante mandadaso-. Con el transcurso de los días empezaron a salir periódicamente y cada vez que se veían la atracción creía más y más. Al cabo de una semana eran una pareja oficialmente.



No sé como habrá visto Elizabeth a Fernando, pero la visión que él tenía de la relación es que era algo pasajero. Es decir, si bien esa mujer le atraía demasiado, realmente no estaba enamorado de ella. Se llevaban muy bien, la respetaba bastante y todo, pero el afecto que sentía por ella no era precisamente romántico, pero sí bastante lascivo. Y es que aquella mujer pese a tener esa expresión inocentona en el rostro era una diosa del sexo, una completa ninfómana cuyos movimientos de cadera en la cama serían envidiados por cualquier odalisca, incluso por la mismísima Shakira.



La verdad es que su relación tenía cimientos bastante superficiales, pero para ellos funcionaba bien. La mayor parte del tiempo la pasaban en la cama de él, o la de ella o la de algún hotel cercano. Y en ocasiones donde la economía no les ayudaba y la calentura era demasiada, un parque poco concurrido en la oscuridad de la noche podía ser el escenario ideal. Además, les fascinaba poder hacerlo en un lugar público. Esos dos tenían la líbido de unos conejos en celo.



En fin, el caso es que a unos meses de comenzada la relación, Fernando recibe una llamada siniestra.



-Alo, ¿amor?



-Hola, Eli. ¿Cómo estás?



-Preocupada, querido. Pucha, tengo que hablar contigo de algo muy importante.



-¿Qué pasó?



-Tengo que decírtelo por persona.



-Dime por aca, no hay problema.



-No, mejor no.



-Dime no más.



-No.



-Dime no más.



-No… me viene.



-¡¿Qué?!



-No me viene… Tengo retraso.



-¿Es una broma?



-¡Es en serio! ¿Cómo crees que voy a bromear sobre eso?



-Ok, que raro. Hay que hacer un test, a ver si de verdad es lo que parece. Compro uno y voy a tu casa.



-Listo, mi vida. Gracias. Te espero.



Fernando iba caminando a la casa de Elizabeth luego de haber comprado el test de embarazo, pensando que es lo que tendría. Era imposible que estuviese embarazada. Imposible. A no ser que…



Luego de hacerse el test de embarazo, el resultado fue el temido. Elizabeth estaba embarazada.



-Amor, salió positivo.



-¿En serio?



-No, es broma… ¡Claro que es en serio idiota! Esto no es un juego.



-Ya veo…



-¿Y qué vamos a hacer?



-No lo sé, tu dirás.



-Supongo que lo vamos a tener, ¿no? Es decir, no sería capaz de abortarlo.



-¿Si? ¿Por qué no? A mí me parece una buena opción –responde Fernando fríamente.



-¿Qué? ¿Qué te pasa? ¿Acaso serías capaz de matar a tu propio hijo?



En ese momento Fernando no pudo evitar esbozar una sonrisa.



-¿Qué tienes? ¿Por qué te ríes?



-Lo siento, es que acabo de recordar algo muy gracioso.



-Que poca madurez, Fernando. Esto no es una broma, no es un juego. No deberías tomarlo tan a la ligera.



-Pues sí, no es un juego Elizabeth. No deberíamos tomarlo tan a la ligera. Por ahora debo irme, pero conversemos en unos días sobre qué es lo que podemos hacer sobre esto.



Diciendo esto se fue.



Estando en la calle, no pudo evitar reírse. Fue caminando tranquilamente hasta su casa sabiendo cual sería la próxima jugada que haría.



La cirugía a la que se hizo mención al inicio, esa a la que Fernando había sido sometido un mes antes de conocer a Elizabeth, fue una vasectomía.



La razón por la que en un inicio al tener relaciones con Elizabeth usaba condón era para prevenir algún tipo de enfermedad por transmisión sexual –uno nunca sabe-. Pero las últimas semanas no lo había hecho. Elizabeth se aprovechó de esta situación. En realidad esa mujer estaba embarazada, pero el hijo no podía ser de él. Le tendió una trampa. Pero afortunadamente, tenía como contrarrestarla.



En el transcurso de los días, sólo se comunicó con Elizabeth por vía telefónica y se mantenía firme en su opinión de que aborte –en realidad lo hacía con el fin de exasperarla- y ella le seguía contradiciendo escandalizada. Mientras tanto, fue donde el médico que le realizó la operación y consiguió un certificado. Además fue a una notaría para acreditar la veracidad del certificado e incluso mandó a hacerse un análisis de su semen para certificar –también con copia notariada- que, en efecto, disparaba balas de salva. Finalmente, fue donde un amigo suyo que era abogado para que este escriba una carta donde se declaraba que había visto los documentos y estaba preparado para litigar a su favor y que además insistía en una prueba de ADN para asegurar que el bebe no era suyo.



Una vez reunidos todos los documentos, fue a casa de Elizabeth.



-¿Y bien, ya decidiste que vas a hacer?



-Ya te dije que no lo voy a abortar. Y tú también vas a tener que hacerte responsable.



-¿A sí?



-¡Por supuesto que sí! ¡Es tu hijo! No puedo creer que seas tan insensible –le increpa al borde de las lágrimas.



-¿Y estás segura que el bebe es mio?



-¿Qué? ¿Qué mierda tienes imbécil? ¡Por supuesto que es tuyo! ¿Acaso crees que soy una zorra que se acuesta con cualquiera, infeliz? ¡Eres un cobarde que quiere eludir sus responsabilidades!



-Ya veo… Por cierto, hay algo que quiero que veas –le dice Fernando alcanzándole el certificado médico de la operación.



Elizabeth se quedó en silencio por un momento y la expresión de su rostro cambió completamente. Pero al cabo de un rato regresó a su estado anterior diciendo que ese certificado era falso.



-No, son verdaderos –le dijo mientras le alcanzaba el certificado de su análisis de esperma-. Además tengo una carta de mi abogado. Básicamente dice que está preparado para representarme judicialmente y que insistirá en una prueba de ADN con lo que se comprobará que el hijo no es mío… Te jodiste –le dice sonriente mientras le alcanza la carta.



Elizabeth leyó los documentos detenidamente, analizando cada punto, tratando de encontrar alguna inconsistencia, alguna evidencia de falsedad. Pero no fue así. Su engaño se había desbaratado y se había mostrado quien era realmente. Fernando contó mentalmente “10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…” Súbitamente la zorra rompió en llanto. Fernando simplemente tomó los documentos de entre las manos de esa mujer y salió de su casa sin voltearse a verla. Había en el una mezcla extraña entre enojo y satisfacción, pero casi nada de lastima.



Meses después se enteró que ella llegó a tener el bebe y que el padre era un bueno para nada adicto a la cocaína. Aparentemente ella lo había engañado con ese fulano un sin número de veces. Escuchó que luego de tener el hijo, él la dejó por otra. Era muy triste la verdad, pero ella misma se lo había buscado.



Fernando empezó otra relación y le va bastante bien hasta ahora. Incluso hay planes de boda. Pero él aún mantiene su vasectomía en secreto y conserva los documentos notariados. Uno nunca sabe.

Por Mario Bazzetti

miércoles, 2 de junio de 2010

" Un Rechuchanboy" : Prólogo


Eran las 10:30 pm de los últimos días de verano, cuando me encontraba en frente de la casa de Laura, ella había organizado una fiesta sorpresa junto a Camila por los 25 años del enamorado de esta, debido a que el año anterior la casa de Jorge había quedado destruida por la brutal chupistica bailable que acongojo a un centenar de gente.


FLASH BACK


Aquella vez llegué totalmente zampado como a las 2 de la mañana después de haber dejado a Daniela en su casa, mi enamorada para ese entonces. Siempre recordaré la imagen de cuando llegue a la puerta de su apartamento, harta gente desconocida chupando como pendejos, el cojudaso de Jorge bailando con su ex enamorada y a la vez con Camila ,quién después de tanta espera y paciencia lograría ser la Firme de Jorge.


Por los alrededores empecé a saludar a gente del barrio, en tanto me tambaleaba para llegar hacia algún rincón, en eso precisos instantes que yo deambulaba por la fiesta, Juanito y Karla se avecinaban a la puerta, acababan de llegar de un matrimonio, aunque seguían peleados por sus idas y venidas (clásicas para los 6 años que duró su relación) aún así, se les podía percibir chispa. En el otro rincón se encontraba Gabriel quien me empezó a hablar de avioncitos de la Fuerza Aérea, mariconadas de las que se jactaba por estar metido en toda esa vaina, en mi embriaguez sólo atiné a decir—De puta madre! - Todo era una farsa, visto que el cojudaso se encontraba en la fiesta para chekiar como su ex se desplegaba bailando sensualmente junto a sus amigas que con total indiferencia y debes en cuando le lanzaba una miraba con desprecio como si una dueña le lanzase un hueso a su fiel canino ,por otra parte una mirada libidinosa se pronuncia sobre Gabriel, se trataba de Danitza, ella era una mujer mmmm… no les mentiré, ella era una total perra que se creía la gran cagada con su aspecto de chola power y su nariz aguileña, no hacía más que sangrar los bolsillos de cualquier incauto que pudiese saciar sus exigencias materiales.



Fue Santiago quién se me acerco con un vaso de whisky para decirme-¡Chupa pues webón! – hacía tiempo que no nos hablábamos como antes, estábamos en otra frecuencia por así decirlo, cada uno ensimismado en sus rollos personales, muy aparte del alejamiento que tuve con los muchachos para dedicarle más tiempo a Daniela y a los entrenamientos de fustal. Los tiempos habían cambiado, ya no eran las épocas en las que pasábamos las noches escuchando a todo volumen los discos recónditos de un buen Punk californiano, español o argentino y enviciarnos con ataque 77 y su extraordinario álbum “Trapos” Aquellas veces nos reuníamos en el piso 13, justo en el balcón del departamento de Santiago junto a Juanito y Karla para no dejar de hablar pastruladas, para fumarnos un porro pero sobre todo para gritar las letras de esas buenas canciones.


Los meses pasaron y fue después del concierto en donde Juanito tocó junto a su banda “los imperdibles” y fue la misma noche en dónde fuimos espectadores de primera fila en como Juanito( después de haber bebido como vikingo para darse agallas) empezaba su relación con Karla. Después de un tiempo llegó Daniela y poco a poco el grupo se fue desintegrando, Santiago empezó a pendejear por ahí, tenía cierta predilección en involucrarse con fulanas que estaban en proceso de rompimiento, de regreso o simplemente estaban bien y querían experimentar; en otras palabras se había vuelto un Tercero legitimado para obrar ( en términos Jurídicos) se había vuelto un Filippo Inzagui ( en términos futboleros) Aquel mítico jugador del Ac Milán que era enviado al campo de juego en los últimos 10 minutos del partido, con la finalidad de clavar el estacazo final y celebrar como loco ante una multitud que idololatraba, a pesar de que al siguiente encuentro volvería estar sentado en la banca de suplentes esperando el llamado del profe.


Después de reírnos un poco y tomarnos un par de tragos, mi celular sonó y le dije a Santiago-Un toque


—Bien ahí con la galifarda pendejo—Exclamó Santiago con tono alegrón

—jajajaj shshhsh… es Daniela—respondí

— Mándale mis saludos cabrón, me quito a dentro para achicar nos vemos
— Ya listo, alo… mi amor y está sorpresa

— Hola amorcito ¿Dónde estás? escucho bulla— preguntó Daniela con vos afónica

— Nada , lo que pasa es que me vine al cumple de George, justo cuando te dejé decidí venir un toque a saludar a la gente

— Mmmm ¿y por qué no me dijiste para ir contigo si se puede saber ah?

— No lo tenía planeado la verdad, a parte ¿me parece o me estás marcando?

— Qué acaso no puedo llamar a mí enamorado para conversar un rato, ¡te pasas oye! Una que se preocupa por ti y tu nada ¿seguro estás tomando no?

— Ya mujer ya fue! No te amargues por las puras, la verdad que un par de vasitos de whisky con Santiago, antes que me olvide, te manda saludos.

— Santiago que lindo! Mándale saludos también, oye no me cambies el tema, porqué no me llevaste, no hay excusa, acaso no puedes gastar 50 céntimos para llamarme en el caso de que no tuvieras saldo, pero ya veo ,prefieres divertirte con tus amigos que conmigo

— Puta madre no jodas pues, disculpa pero estas haciendo un lio por las huevas—dije
— ¿Para ti todo lo que digo son cojudeces no?

— Jajajaj no para nada mujer, solo que me das risa

— Y sigues… sabes qué, te estaba llamando porqué hable con mi padre y quiere que vengas a ver el partido a la casa, porque también viene mi prima y su enamorado

— ¿el marica de Javier viene? Seguro nos vamos a alcoholizar, ya pues te llamo a la hora que esté yendo para allá ¿vale?

— Ya mi amor me llamas temprano porque quiero hablar…..

— Alo….. puta madre batería de mierda!



Después de de hablar con Daniela quise volver a entrar pero me di con la sorpresa de ver como Santiago entraba al baño junto a la Ex de Gabriel, me tome la cabeza y solo se me ocurrió quedarme afuera


Ya en el baño, Andrea se encontraba contrariada, semanas antes en un pub miraflorino Santiago había admitido en el juego de “Verdad o Castigo” que efectivamente, él en su adolescencia andaba templadaso de Andrea, pero nunca intento nada con el floro de no malograr la buena amistad y toda esa sarta de mariconadas que suele uno decir en esos momentos para zafar de la mejor manera. De vuelta al baño, Santiago se sentía acorralado, esta vez Andrea se fue acercando de a pocos sensualmente, qué locura sería para un hombre escapar de un escenario como aquel: un baño amplio, una mujer semi ebria de 1,70 cm que te devora con la mirada, castaña, con un buen par de tetas y una cintura de avispón! Justo en el momento que quiso decir algo, Santiago se volvió una frágil presa, Andrea no titubeo en ningún momento en besarlo ferozmente , se abalanzó hacia él, redujo todas sus posibilidades de contraataque, controló sus movimientos, aceleró su ritmo cardiaco en tan solo un par de segundos, Santiago consternado por lo sucedido fue aliviado por lo que ella dijo en ese momento –déjate llevar—hizo ahínco en lo dicho y ni sonso ni perezoso empezó a acariciarla por todos los lugares posibles, era el momento de sacarse el clavo.




Las manos de Santiago fueron bajando lentamente hasta llegar a levantar la mini falda de Andrea e introducir un par de dedos en su sexo, la humedad hacían presagiar el desenfreno que se veía venir, levanto la mirada y la observo mordiéndose los labios, su respiración acelerada, los gestos y movimientos involuntarios cada vez que jugaba con su clítoris; hasta que ella no resistió más y cogió su miembro –Ahora me toca a mí – susurro ella, desabrochó el jean Calvin Klein de Santiago y arremetió con furia, empezó a chupársela , no había tiempo para cortesías ,en su mente Santiago intentaba pensar en otra cosa para no venirse dentro de la boca de Andrea, que roche sería y a la vez que rico, pero ¡nooooo! Imágenes absurdas recorrían sus pensamientos, desde el Padre Jeremies de la parroquia San francisco de Borja, la virgencita de la plaza, la tía Vilma sin olvidar a los ya clásicos Chuto, viejo chavetero y sobre todo al tío evangélico que sufría de Alzheimer y que nos mostraba con fascinación un juego de mesa inventado por el mismo llamado “ Piropos para María” que resulto ser un fracaso total ( años después fue enterrado junto a su juego).





Andrea cambio de posición, y dijo ferviente— métemela ahora – con zozobra o sin ella el Pipo Inzagui se preparaba para clavar el estacazo final, la multitud se conglomeraba, la gente no quería ver, algunos presionaban un rosario entre sus manos, las velas incandescentes a la hora del disparo, ahí se encontraba el frente al arco, tomo carrera y disparo. Un sonido lo paralizo, era el celular de Andrea que no dejaba de vibrar ni de sonar, aunque solo miro de reojo pudo ver claramente que el nombre de Gabriel con letras bien definidas en ese iphone que Andrea siempre presumía.


Por Raúl Aranda

martes, 25 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (epílogo)



Llamada Lima-Piura:

Ring… Ring... Ring...

-Aló

-¡Hola, Polola!

-¿Flavio?

-¡Vaya, me reconociste!

-¡Claro! Eres el único que me decía así. ¿Cómo estás? A los años que sé de ti.

-Bien, bien. Todo está de puta madre últimamente.

-¡Qué chévere! Pero cuéntame, ¿qué novedades?

-Pues ahí, en la universidad. Un toque jodido con los parciales y todo, pero creo que voy bien. Aparte he vuelto a escribir después de tiempo y me ha sentado bastante bien sobre todo ahora que estoy sin banda y tengo mi guitarra abandonada.

-¡Qué mostro! Tienes que pasarme lo que estás escribiendo ahora. Siempre escribiste bacán. Me gustaban tus poemas. Aunque también tocabas paja, ¿por qué dejaste de hacerlo?

-Gracias, Paolita. Pucha, es la falta de tiempo y todo eso… Más bien llamaba para felicitarte, ya me enteré de la boda.

-¡Gracias, Flavio! Pues sí, los rumores son ciertos, me casé hace un par de meses.

-Me imagino que debes estar muy feliz.

-Sí, Flavio. Cómo no tienes idea. No pensé que llegaría este día o que sería de este modo, pero pasó y estoy feliz en verdad.

-Qué bueno, Polola. Me hubiese gustado verte con el vestido blanco caminando al altar, pero ni modo. Tendré que conformarme con imaginarlo.

-Pucha, hubiera sido mostro que estés aquí. Pero has estado desaparecido todo este tiempo. No tenía como ubicarte para contarte. Más bien, ¿cómo así conseguiste el número?

-Me lo pasó tu prima Milagros. Pude comunicarme con ella por internet y le pedí el fono para poder saludarte.

-Manya, que chévere. ¿Este es tu número?

-Así es.

-Mostro. Voy a guardarlo por si acaso. Seria chévere no volver a perder contacto.

-Claro, buena voz.

-Oye, te cuento. ¡Voy a ser mamá!

-¿En serio? ¡Qué paja!

-¡Sí! Estoy emocionadísima, no sabes. Ya quiero que nazca.

-Algo me dice que va a ser una niña. Y va a ser hermosa como la madre.

-Awww… Gracias, Flavio. Tu siempre tan lindo.

-De nada, sólo digo lo que pienso. Oye, es curioso como resulta todo ¿no? La verdad es que antes cuando te imaginaba en un altar siempre estaba yo al costado.

-Hubo veces en que pensé lo mismo, pero la vida es impredecible, mi Flavio. Aún así supongo que a la larga es mejor para todos.

-Sí, supongo que sí. Había otra cosa que quería decirte.

-¿Qué es?

-Gracias.

-¿Por qué…?

-Por los recuerdos. Gracias por los recuerdos. Es en serio.

-Gracias a ti también, Flavio. Siempre es bonito recordar aquellas épocas.

-Lo sé… Después de todo, son esos recuerdos lo único que nos queda. Nuestra propia máquina del tiempo.

-Es cierto. La verdad siempre extrañaré esos momentos, pero el presente es maravilloso también. Y espero que lo que venga siga siendo lo mejor para los dos.

-Pienso lo mismo. La vida siempre sigue. Bueno, tengo que irme Polola. Cuídate bastante, cuida a ese bebe que viene, asegúrate que ese fulano afortunado los cuide a ambos o sin o iré personalmente a sacarle la mierda –dice Flavio entre risas- y por favor, sobre todo… sé muy feliz.

-Gracias, Flavio. Espero que todo te vaya bien por allá y que seas muy feliz también como lo soy ahora. Cuídate bastante y da señales de vida más seguido.

-Ok, haré lo posible. Tú también manda aunque sea señales de humo. Chau, cuídate mucho.

Flavio colgó el celular y entró nuevamente al departamento. Dentro, Daniela –su enamorada- le pregunta:

-¿Con quién hablabas, amor?

-Con una vieja amiga.

-¿La que se casó?

-Así es, Dani… ¿Estás lista? Ya va a empezar la película.

-Sí, mi vida. Vamos saliendo.

Aquí sólo acaba un capítulo en su vida mientras el resto de la historia continúa. Es sólo un cambio de estación. Es sólo el presente diciéndole adios al pasado de la mejor manera posible.

Por Mario Bazzetti

lunes, 24 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (parte 4)


Y Paola se casó. Fue algo inesperado, pero Flavio sabía que tarde o temprano pasaría –claro que cuando imaginaba al novio era muy parecido a él, pero ni modo. Encendió un cigarro y se puso a pensar en cómo había resultado la vida últimamente para ambos, más aún pensó en todas las cosas que vivieron juntos, en toda la historia que ambos escribieron en aquel momento de sus vidas. Pero sobre todo pensó en aquella vez que la conoció. Habían pasado varios años, pero sin embargo lo recordaba todo tan claramente, como si todo hubiese ocurrido ni si quiera ayer, sino hoy en la mañana luego del desayuno.

Hacía frio esa noche. El otoño acababa de llegar –un poco más tarde de lo esperado- y las hojas marchitas en el suelo de la calle eran la firma que dejaba. Flavio salió un poco más abrigado que de costumbre para evitar que la gripe que tenía se complique y termine la noche tosiendo un pedazo de alguno de sus pulmones. Una amiga suya se hacía más vieja ese día y había organizado un tono en su casa, así que iba a reunirse con unos amigos para unos previos y luego ir al otro lado. Cuando llegó a casa de Cesar, este le abrió la puerta con una lata de cerveza en la mano y le hizo pasar. Dentro estaban Gino y Ricardo, sentados en la sala.

-A la hora que llegas, loco –le increpa Gino.

-Pucha, sorry. Se me hizo tarde terminando un trabajo.

-Ya fue, no hay roche. Coge una chela antes de que se enfríe.

-Gracias. ¿En qué estaban?

-Ahí… Ricardo que contaba sus experiencias “sobrenaturales” –se burla Cesar luego de secar completamente su lata.

-Jajaja ¿sí? ¿Cómo es eso? –pregunta Flavio.

-Nada, sino que hace unos cinco días tuve un sueño medio extraño que se hizo realidad. Fue raro, loco. Pasó exactamente como lo soñé. Estos dos huevones no me creen. ¿Te ha pasado algo así alguna vez?

-Pucha eso de que se haga realidad no, pero anoche tuve un sueño muy vívido. Era bastante real, como si estuviese despierto. Pero ahorita no recuerdo muchos detalles, salvo una jato blanca de dos pisos, una iglesia y una flaca pero no la recuerdo bien. No era alguien que conozca, pero en el sueño era alguien bien importante para mí. Recuerdo que me besó, pero justo ahí me desperté. Justo cuando se ponía interesante. Lo raro es que cuando desperté tenía una sensación como de nostalgia…

-¿Qué mierda hacen contando que soñaron, huevones? Ni que fueran sueños húmedos con Mila Jovovich. Vamos de una vez que se hace tarde. Quiero ver si encuentro alguna flaca por ahí ahora –interrumpe Cesar.

La música envolvía completamente la casa de Karla -sí, con “K”. Es una aclaración que ella siempre hacía respecto a su nombre. Según ella era algo que la hacía original-. Música, alcohol y mujeres. Era todo lo que Cesar necesitaba para ser feliz, así que ni bien llegaron, se perdió de vista. Flavio se quedó con Gino y Ricardo tomando un par de tragos mientras conversaban de cualquier cojudez que les venía a la cabeza.

Ricardo alzaba la vista entre la gente de rato en rato, esperando encontrar el rostro de cierta mujer que pensaba –y esperaba- que estaría ahí. Vivía babeando por esa chica, pero las cosas no resultaban bien con ella. A pesar de haber sido miserablemente choteado más de tres veces, seguía intentando, fiel al castigo con la esperanza de que “el que la sigue la consigue”. Lamentablemente, eso iba a ser muy difícil, ya que aquella chicha en cuestión –para quien Ricardo era dulce y virginal- en esos momentos estaba pasada de tragos y revolcándose con un fulano que acababa de conocer. Golpe bajo.

Gino, por otro lado, estaba más relajado. En ese momento gozaba de un estado de tranquilidad emocional. Le era indiferente si en ese momento le salía algún plan con una chica o no, se tomaba las cosas como venían y punto. Había ido a divertirse con sus patas y esa era la idea de pasarla bien esa noche.

Flavio, por otro lado, había salido hace poco de una relación que acabó mal y estaba terminando de reconstruir la estructura de su músculo palpitante en el pecho que, en ese entonces, aún era una especie de mazamorra, una masa inconsistente. Además, siempre fue demasiado tímido con las mujeres. Fue su ex enamorada la que tuvo la iniciativa de iniciar la relación, así como de terminarla.
Sin embargo esa noche ocurrió algo diferente. Cuando por obra del azar –o el destino si es que realmente existe algo así- trasladó su vista del cigarro que acababa de apagar en un pedazo del enorme jardín interior en el que estaba, al patio de la casa que hacía las veces de pista de baile improvisada y la vio.

Aquel tímido y pajero Flavio no dudó un instante esta vez y caminó hacia ella como atraído por una fuerza magnética enorme que lo llevó a sortear a toda la gente que bailaba y hablaba –más bien, gritaba-, hasta llegar a ella y darse cuenta de que no tenía la más mínima idea de que decirle –o balbucearle-. Instintivamente, optó por no decir absolutamente nada, ya que todas las frases que cruzaron su cabeza le parecieron demasiado trilladas –o ridículas-, y la sacó a bailar. Ella pudo haberlo tratado como un insecto molesto y asqueroso que intentaba clavarle el aguijón y mandarlo a la mierda en el acto, pero él no tuvo temor de pasar esa palta. Y gracias a dios, no fue así. Sea como fuere, allí estaban los dos moviéndose al compás de una canción pegajosa de ese entonces.

Y fue así como se conocieron. Ella le dijo su nombre y a cambio él durmió esa noche pronunciándolo, ella le regaló una sonrisa y él la soñó durante noches enteras. Fue un cursi amor a primera vista. La química que apareció de repente entre los dos fue única. Esa noche, Flavio era otra persona por el sólo hecho de estar al lado de la recién conocida Paola que, por extraño que fuese, ya se iba instalando en su cabeza y bajaba a través de las venas para algún día terminar de destruir aquella masa amorfa que latía en su pecho.

El resto de la noche Flavio olvidó a sus amigos y Paola a las suyas para que pudieran seguir compartiendo las horas que pasaban. Eventualmente, ella debió marcharse junto al resto de gente que iba abandonando la casa cuando las horas pasaron y se acabo el licor. Al despedirse, ella le dio el número de su celular, esperando que aquel encuentro entre los dos no sea el único. Mientras él la observaba irse, la voz de Ricardo lo saca de su admiración, cambiando su apariencia de baboso por la de un hombre lúcido.

-¡Bien ahí, brother!

-¡Jaja! ¿Dónde están los demás?

-Afuera, ya nos quitamos todos. ¿Quién era la flaca? Está fuerte, loco.

-La acabo de conocer hoy. Se llama Paola.

-Está bien, brother. Aprovecha, aprovecha… Me parece haberla visto en algún lado, pero no recuerdo bien…

-¿Sí? Qué raro… Una cara así no la olvidaría fácilmente. Aunque fácil la debes haber visto. Es amiga de Karla. Tú manyas más a sus amigos que yo.

-Es cierto. Oe, ya vamos yendo de una vez. Me cago de sueño.

Ni bien Flavio se lanzó sobre su cama se quedó profundamente dormido. Volvió a tener el sueño que le contó a Ricardo y a los demás horas antes. Aquella casa blanca cuya puerta observaba fijamente, como esperando algo, aquella calle que ya había visto antes estando despierto, aquella iglesia en la esquina de una cuadra y aquella mujer que estaba de pie frente a él cerca a la puerta.

Pero esta vez pudo ver mejor su rostro.

“Así que tú eras la chica de mis sueños”, pensó mientras sonreía entre ronquidos. No sabía que esa mujer, tiempo después, se convertiría en su todo.

Mientras tanto, en otro lado, Paola acababa de colgar el celular y lo arrojó lejos –una conversación telefónica desagradable con otro fulano, Alejandro- mientras se echaba en su cama. Tenía muchas cosas dando vueltas en su cabeza, pero una idea nueva acababa de integrarse: aquel tipo que acababa de conocer esa noche y que había llamado bastante su atención. No sabía que tiempo después se enamoraría perdidamente de aquel sujeto.

Ninguno de los dos sabía que esto era el preludio de su sinfonía agridulce.

“La vida siguió”, pensó Flavio. “Fue algo bueno mientras duró, pero ahora son sólo viejas historias, recuerdos y nada más.”

Dadas las circunstancias, sólo quedaba una última cosa por hacer...

¿Continuará?

Por Mario Bazzetti

miércoles, 19 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (parte 3)


Desde el problemón que se armó aquella vez en que Paola vio como Ángela y Flavio prácticamente se comían sus rostros en su casa para luego irse al hostal más cercano con la intención de ceder a sus más bajos y lascivos instintos, ya había pasado algunos días. Pao se peleó con Flavio –con una apocalíptica escena de celos incluida -y con Ángela –y esto si fue una pelea real, con jaloneo de pelos y caída al suelo incluida-. Además había terminado u relación con Alejandro –con justificaciones muy cojudas- y luego desapareció del mundo.

Flavio se aventuró a su casa para saber de ella. Lo recibió con ánimos algo bajos y se veía que aún estaba resentida por lo ocurrido. Él le sacó en cara que en realidad no tenía nada que reclamarle porque no eran nada, sólo amigos que ocasionalmente se besaban y hacían otras cosas, pero no eran enamorados. Luego de conversar –más bien, discutir-, llegaron a un punto de calma. La verdad era que solamente eran amigos. Punto. Y con esa premisa en mente, empezaron a verse nuevamente como si nada hubiera pasado.

O al menos así fue al principio.

Eventualmente, empezaron los besos otra vez y los momentos compartidos de calentura y placer cuando no había nadie cerca.

Durante todo ese tiempo, Flavio había estado enamorándose cada vez más de Paola. No hacía más que pensar en ella día y noche y las veces que estaba junto a ella se sentía más vivo que nunca.

Pero pese a que la relación que tenían continuaba igual, nunca se lo dijo. Nunca demostró hasta qué punto se había estado involucrando emocionalmente. No hubo gestos románticos ni frases melosas de su parte. Era una relación abierta. Eran amigos con beneficios.

Desde que terminó con Alejandro, Paola no estuvo con nadie más a excepción de Flavio –aunque no podía considerarse del todo una relación-. Él pensaba a menudo que debería intentarlo, que debería decirle lo que realmente sentía e iniciar una relación “como Dios manda”. Pero tenía miedo. Se cagaba de miedo. Estaba asustado por el hecho de saber que ella le había sido infiel a Alejandro con él y que si estaba con ella, nada evitaba que le hiciera lo mismo. Sería un iluso, un soberano cachudo y la burla de todo el mundo. Sentía temor, además, de que ella en realidad no sintiese lo mismo por él, que ella lo vea como un fulano más y que todo lo que pasó entre ellos, los momentos que pasaban juntos, los problemas que afrontaron mutuamente, los miedos y esperanzas que compartían, sean para ella solamente un juego más, una forma de satisfacer una necesidad y matar el tiempo.

Desde que Paola y Flavio se conocieron había pasado un año y desde el momento en que empezaron su “no-relación” había pasado unos once meses. Flavio decidió un día que ya era suficiente, que tenía que dejar sus patéticos miedos detrás, ya que la búsqueda de la seguridad era una trampa que el mismo se ponía. Se auto-saboteaba negándose la posibilidad de luchar por lo que quería. Si realmente estaba enamorado, debía confiar en ella –por muy cojudo que esto pueda llegar a ser-. Además, pensó que era mejor intentar y cagarla que seguir callando lo que en verdad sentía dentro de sí mismo y que pedía a gritos salir. Fue rumbo a casa de Paola para decírselo todo claramente y que sepa por fin que la amaba.

Cuando Paola salió por la puerta, Flavio pudo ver lágrimas en sus ojos. Algo no andaba bien.

-Paola, ¿qué pasó? ¿Estás bien?

-Pucha, Flavio. Acabo de hablar con mi mama. Nos mudamos a Piura en unas semanas.

Fue una sorpresa horrible para Flavio. El día que había decidido decirle a esa mujer que la amaba, se enteró que ella se alejaría de él en cuestión de días. Se quedó frio, estático y ninguna palabra salió de su boca.

-No quiero irme Flavio.

-Entonces no te vayas… Quédate.

-No puedo. Sería quedarme con mi viejo y no quiero saber nada de él.

-Quédate conmigo.

-No, Flavio. No hay forma. Jamás me dejarían.

-Entonces yo me voy contigo.

-¿Estás seguro de lo que dices? Tienes tu vida hecha aquí… Aparte donde estarías allá. No hay forma.

-No quiero que te vayas. Voy a extrañarte demasiado.

-Yo también, Flavio.

El resto de la noche, los dos estuvieron abrazados y sentados en el patio de su casa. Casi no intercambiaron palabra alguna. Flavio no llegó a decirle lo que sentía. No pudo hacerlo con todo eso en la cabeza.

Los días siguientes continuaron viéndose como antes. Quisieron disfrutar juntos el tiempo que tenían mientras les fuese posible hacerlo. Esos días estuvieron impregnados de una nostalgia prematura al saber que, cuando se den cuenta, las cosas ya habrían dejado de ser como eran.

Finalmente, llegó el día. Paola se marchó lejos. Flavio aún recuerda ese último beso que ella le dio antes e irse y todas aquellas palabras que cruzaron su mente pero no pudo decir. La dejó irse, porque no era dueño de su vida. No quería complicar más el momento aunque muchas veces pensó que quizás debió hacerlo. Se guardó sus emociones e ideas en el fondo de su mente y su alma e intentó seguir adelante. Al principio fue muy jodido, pero tenía que hacerlo. Ella se fue y ya no había marcha atrás. Pero tampoco estaba todo dicho y este no era el verdadero final de la historia. No podía serlo.

Ángela y Flavio se encontraron algún tiempo después. No tenían noticia alguna sobre Paola y todo lo que había pasado había comenzado a dejarse detrás. Decidieron verse en onda de amigos para saber que había sido de sus vidas. Ella volvería a Chile en un par de meses y Flavio se mudaría a Lima en el mismo periodo de tiempo. Había pensado en trasladarse de universidad, ya que desde un inicio había penado estudiar en ese lugar pero por ciertos factores externos no había podido hacerlo antes. Pero otro de los motivos que tenía asolapadamente –y uno de los más fuertes- era que le dolía permanecer en esa ciudad en la cual cada calle le hablaba de la mujer que amó y que se fue. Quería un comienzo nuevo y fresco.

Mientras conversaba con Ángela, le sorprendió que de un momento a otro ella le pida disculpas.

-¿Por qué te disculpas?

-Pucha, Flavio. Yo sabía que tú estabas enamorado de Paola... Un amigo tuyo me lo dijo y aún así sucedió lo que pasó.

-No, no te preocupes… Eso pasó hace tiempo. No hay ningún problema.

-No… lo que pasa es que tú nunca supiste que en esos días Paola pensaba terminar con Alejandro porque en realidad ella estaba enamorada de ti.

¡Joder! Eso hizo que una herida en Flavio que ya había comenzado a cicatrizarse se abriese de nuevo. Todo ese tiempo Paola le había correspondido y él había sido el imbécil de mierda que no se atrevió a luchar, a arriesgarse. Un nuevo mar de dudas y remordimientos apareció en su mente y la pregunta más dolorosa que llegó a hacerse fue “¿Qué tal si hubiese sido distinto?” Se pasaba los días y las noches imaginando posibles escenarios donde las cosas resultaban mejor para ambos. Pero en fin, ya era tarde para eso.

O eso creía.

No lo esperaba, pero la vida le dio una segunda oportunidad. Dos meses antes de mudarse, recibió un mensaje de texto en su celular. Era Paola. Estaría unos días en la ciudad y quería verlo. Quedaron en encontrarse en el parque donde siempre se sentaban a conversar. Cuando Flavio la vio no podía creerlo. Ahí estaba ella frente a él nuevamente y más hermosa que nunca. Se saludaron muy efusivamente y empezaron a conversar sobre cómo habían resultado sus vidas en los últimos meses –casi un año, a decir verdad-. En un momento, Flavio le propuso caminar por ahí. Siguieron conversando sobre cualquier cosa, hasta que de pronto él tuvo la necesidad de cambiar el tema.

-¿Sabes? Durante todo este tiempo hubo algo que siempre quise decirte –le dijo Flavio mientras caminaban.

-¿Sí? ¿Sobre qué?

-Sobre nosotros… La verdad no puedo saber a ciencia cierta que pensabas o sentías en ese entonces respecto a lo que pasó entre nosotros, pero la verdad es que, aunque nunca llegué a decírtelo, yo estaba templadaso de ti. Estaba jodidamente enamorado de ti. Hasta los huesos. Cada parte de mi quería gritártelo pero a pesar de eso yo me mantuve en silencio. Creo que fui un idiota increíble por no habértelo dicho en su momento, pero más vale tarde que nunca. Yo…

De pronto Flavio se quedó callado y observó el lugar donde habían llegado. Aquella calle tenía un significado particularmente especial para él. Ahí, una noche como aquella, más o menos dos años atrás, ellos dos se besaron por primera vez. Paola lo miraba fijamente.

-Pao… ¿Recuerdas que pasó aquí? –preguntó Flavio mientras veía como los ojos de Paola se iban poniendo rojizos y él sentía como los suyos se humectaban lentamente.

-Si… Lo recuerdo bien, como si hubiera sido ayer. Flavio, la verdad es que todo ese tiempo yo también sentía lo mismo por ti. ¡Lo sentía con tanta fuerza! Pero tenía miedo de que tu no sientas lo mismo, tenía miedo que sólo haya sido un juego para ti.

-Siente esto –le dijo Flavio mientras ponía la mano de Paola sobre su pecho-. Siéntelo latir. Late por ti desde la primera vez que te besé hace dos años atrás en este mismo lugar y nunca dejó de hacerlo, siente como aumenta su velocidad. Es por ti. Eso no se puede fingir. Paola, yo te amo y lo hago desde hace mucho tiempo.

-Yo también te amé Flavio y mucho. Pero las cosas ahora son distintas –dijo Paola al borde de las lágrimas-. Tú has continuado tu vida aquí y pronto te irás y yo hice lo mismo donde estuve. Por más que quisiera no puedo aferrarme al pasado y tú tampoco debes hacerlo.

-Lo sé, sé que no debo, pero no quería verte de nuevo sin hacerte saber lo que sentía en realidad. Puta madre, me siento como un imbécil por no haberlo hecho cuando debí hacerlo. Pero al menos ahora tuve la oportunidad… Paola, no sé que sea lo que nos depare el mañana. No sé si luego de hoy nos volvamos a ver alguna vez. Pero es cierto que yo te amé y aún lo hago. Es la única certeza que me queda. Sólo espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar algún día, pero si no, sólo me queda decirte que por favor te cuides demasiado y seas feliz.

Luego de esto se besaron. No fue un beso lascivo o apasionado. Fue uno tierno, como el primero que se dieron. Aquella calle que fue testigo de su primer beso, también lo fue del último. El mismo lugar, la misma luna en lo alto, las mismas emociones ardiendo dentro de ellos.

Paola regresó a Piura y Flavio viajó a Lima a empezar una nueva etapa en su vida. Cada uno siguió con sus vidas con la esperanza de que se volverían a ver en algún momento o conseguirían al menos superar su situación, salvando los recuerdos de buenos momentos, de una buena historia. Sea como fuere, sabían que aunque al principio sería difícil, a la larga estaría bien.

Aún así, este no era realmente el final.

Continuará...

Por Mario Bazzetti

sábado, 15 de mayo de 2010

Gracias por los recuerdos (parte 2)


Cuando Paola y Flavio se conocieron en aquella fiesta, hubo una química innegable desde el comienzo. Era como si una fuerza de la naturaleza los atrajese mutuamente desde que sus ojos se cruzaron por primera vez. Quizás sea tonto hablar de un amor a primera vista, pero era algo bastante fuerte de todos modos.

Se vieron días después de aquella noche y salieron un par de veces a caminar por las calles de aquella ciudad mientras que con cada conversación iban empezando a conocer un poco más de aquellos complejos universos que encerraban dentro de sí mismos, a veces acompañados con una botella de vodka y otras veces era sólo la niebla y uno que otro perro o gato que cruzaba la banca del parque donde se sentaban el único testigo del tiempo que compartían.

Una noche, mientras caminaban juntos rumbo a casa de Paola, ella se detuvo en la esquina de una calle vacía, en la espalda de una iglesia de mormones. Flavio la miró fijamente a los ojos, esos ojos que decían algo que las palabras no expresaban. Y se besaron. Fue algo instintivo, repentino, pero ambos lo deseaban hacía algún tiempo.

Las ocasiones siguientes en que se vieron, todo transcurría como si nada. Es decir, seguían siendo amigos, no había entre ellos dos una relación digamos “formal”. Salían como amigos, hablaban, reían, se divertían, iban al cine, se visitaban mutuamente muy seguido, salían a alguna fiesta, se seguían besando cada vez que se veían y más de una vez –más de mil veces- las manos de Flavio se perdían debajo de la ropa de Paola, pero no eran enamorados. Es más, nunca tocaron el tema en alguna conversación. No les parecía realmente necesario. Eran una especie de “amigos con derechos”. Y la verdad es que les funcionaba bastante bien. La relación que mantenían era de puta madre y eso era algo que ninguno de los dos podría negar jamás. Además, Flavio se sentía cómodo en esa situación, ya que nunca había tenido una relación estable con nadie y le gustaba disfrutar de cierta libertad. No quería rendirle cuentas a nadie sobre nada.

Pero hubo una inquietud que Flavio empezó a tener algunas semanas después. Algunas llamadas que ella prefería no contestar cuando estaba junto a ella, algunas veces que cancelaba sus encuentros en el último momento, entre otras cosas. Había algo extraño. Pero no era algo que le obsesionase. Se tomaba las cosas con calma.

Un día, Flavio se encontró con Ricardo, un amigo suyo. Él también estuvo presente el día que conoció a Paola y le había parecido conocida, pero no conseguía recordarla.

-¡Habla, brother! ¿Cómo estás?

-¡Ricardo! Bien, loco ¿cómo andas?

-Ahí, relajado. Estaba de camino a la casa de Paola. Habíamos quedado en vernos.

-Ah ya veo. Loco, ¿recuerdas que la otra vez te dije que me parecía haberla visto antes?

-Claro. ¿Qué fue?

-Pucha, la otra vez me pareció verla cerca a mi jato con un pata que vive por ahí también. Estaban bastante “cariñosos”, ¿entiendes? No sé si fue ella o fácil me habré hueveado, pero ten cuidado por si las moscas.

-Manya… Ok, loco. Gracias por el dato –respondía un sorprendido y dubitativo Flavio.

Unos minutos más tarde, estaba en casa de Paola. No había nadie más en la casa. Mientras se besaban apasionadamente sobre el sofá de la sala, el celular de ella empezó a sonar.

-¿Quién es, ah? –pregunta Flavio, que nunca antes había optado por hacerlo.

-Es Alejo –dice ella colgando el celular-. Tengo que decirte algo. Tengo enamorado –decía Paola desviando su mirada.

-Ya veo –dice Flavio disimulando la sorpresa que igual lo cogió pese a las advertencias de Ricardo-. ¿Cuánto tiempo van juntos?

-Dos meses.

-O sea cuando nos conocimos ya estabas con él.

-Sí, pero las cosas con él van de mal en peor. No sé si seguir con él.

-Entiendo –responde Flavio, aunque no lo hacía del todo.

-Pucha, fácil debí decírtelo antes. Fui una cojuda, sorry. La verdad, por favor disculpame.

-No… no te preocupes. Creo que debo irme.

Mientras él salía de su casa, ella lo seguía hasta la puerta. Flavio pensaba en que había hecho mal. Un pobre iluso estaba siendo cachudaso por obra y gracia de él, aunque bueno, suya no era toda la culpa. En verdad la gustaba esa chica –y demasiado-, pero si tenía enamorado era mejor evitar que las cosas sigan como están. No le dolió demasiado en realidad, pero era una situación bastante incómoda.

Cuando estaba en el umbral de la puerta principal, ella se acercó para despedirse. Cuando la vio tan cerca y se perdió en sus ojos, no pudo evitarlo y la volvió a besar con más ímpetu que antes, para luego hacerle el amor sobre el sofá.

“¡Qué chucha! Si ya la cagamos, vamos a cagarla bien”, pensó.

La situación actual se mantuvo. Ella siguió siendo enamorada de Alejo y sacándole la vuelta con Flavio que se lo tomaba todo muy deportivamente. No tenía miedo de ninguna represalia que el otro pudiese tomar en su contra –sabiendo que el patita en cuestión tenía cierta fama de energúmeno- y tampoco se preocupaba por ser él quien resultase mal parado de la situación. Pensó que podría mantenerse seguro emocionalmente.

Craso error, craso error.

Los días se hicieron semanas y las semanas meses. Supieron mantener su amor furtivo oculto de modo que las cosas no se compliquen para ambos. Durante ese tiempo, siguieron viéndose y manteniendo la relación que tenían tal y como estaba. Para Flavio, pese a que le gustaba demasiado aquella mujer, no estaba templado. Era sólo una chica que le gustaba demasiado, eran sólo amigos con algún beneficio, era sólo sexo y amistad –cómo si ambas cosas fuesen fácilmente compatibles-. Pero a medida que pasaba el tiempo y la conocía más, a medida que iba adentrándose a su vida y ella a la de él, Flavio no pudo evitar empezar a sentir algo más por ella. Había empezado como algo casual, casi un juego y terminó convirtiéndose en algo mucho más fuerte, algo que ya no le era posible controlar. Había empezado a amar cada cosa de ella, sus virtudes, sus aciertos, sus errores, sus defectos. Quizás por eso optó por seguir con las cosas como estaban. Prefería tenerla aunque sea de esa manera a no ser parte de su vida.

Ya era tarde: había comenzado a enamorarse perdidamente de esa mujer que en realidad mantenía una relación con otro sujeto. “¿Por qué con ese y no conmigo?”, se sorprendió pensando más de una vez. Y es que le era curioso el hecho de que en realidad parecía que ella lo prefería a él antes de que “al firme”, ya que cuando estaba con él y el otro llamaba, nunca optaba por contestar, porque cuando Alejandro quedaba en ir a verla y aparecía Flavio, ella cancelaba su encuentro a último momento y cuando él llegaba a algún lugar y Paola estaba ahí con Alejandro, ella lo dejaba de lado para ir a saludar a su “amiguito” y se quedaba con él el resto del rato mientras el pobre –e irritado, irritadísimo- Alejandro se quedaba en un rincón incrementando sus dudas, sus sospechas, sus odios.

Un buen día –en realidad un mal día o más bien, una mala noche- Paola hizo una fiesta en su casa. Flavio fue con algunos amigos. Todo transcurría normalmente, a excepción de que Alejandro estaba en la casa y esta vez, con toda la gente ahí, Paola debía seguir con la charada. Ahí estaba ella jodidamente acaramelada con el adornado Alejandro mientras en el otro extremo, Flavio les observaba con un cuba libre en la mano y era poseído por algo que nunca lo había poseído de ese modo: los celos más jodidos que sintió jamás. Sería pésimo que se le ocurra hacer una escena, no tenía “legitimidad para obrar”, no había una relación “real” entre Paola y él –al menos frente a los terceros-. Su verdadero enamorado era Alejandro. “Qué fea mierda”, pensaba mientras secaba su vaso.

Un poco más allá, estaba Ángela. Desde que llegó del país del sur, había sido una de las mejores amigas de Paola –o eso aparentaba-. Algo que era un poco evidente en ella era el interés que tenía hacia Flavio y hacia Alejandro –oh, ironía-. Flavio se acercó a ella y empezó a hacer conversación. Luego le ofreció entre risas acercarse al grupo con el que él estaba tomando. Cuando llegaron a esa parte de la sala sólo había un asiento vacío que él le ofreció, pero ella le pidió que sea él quien se siente, para luego sentarse sobre él. Era placentero tener a esa hermosa y sensual mujer sentada sobre él, coqueteándole abiertamente. Flavio prácticamente no hizo nada desde ese momento, ya que era ella quien ahora buscaba que se dé algo.

Cuando se besaron, Paola los vio a lo lejos y su ánimo cambió completamente. De estar alegre y tranquila, paso a estar invadida por los celos y la rabia. Sin embargo, mantuvo la compostura por un buen rato. No obstante la perdió por completo cuando vio como Flavio y Ángela salían juntos de la casa para subirse juntos a un taxi –considerando que Ángela vivía a la vuelta de la casa de Paola-. La situación de Paola y Flavio se había invertido ahora. Fue el primer punto de quiebre, pero aún debían suceder más cosas entre ellos dos.

Continuará...

Por Mario Bazzetti

viernes, 14 de mayo de 2010

Extraño hablar contigo o extraño que habla contigo (Final)


No se cabroneo en ningún momento y rápidamente golpeo al primo del zambo con una fuerte patada, cobrando revancha de lo anterior, ni bien se encontraron regados por el suelo, Sebastian sin asco y ningún remordimiento les pateo las caras como si fuesen pelotas de futbol y el estuviese en una definición de cuartos de final de la champion legue. A punto de intentar escapar del lugar como si de un prófugo se tratase, la intervención policial no se hizo esperar y varios agentes ya lo habían rodeado hasta poco a poco reducirlo.


Aquella tarde los implicados en ocasionar disturbios en la calle, alterando el orden publico y la paz social, fueron conducidos hasta la comisaria de magdalena. Ni bien llegaron, Sebastian a telefoneo a fiel amigo y colega André Blázquez para que pudiera acabar con la absurda detención. Dieron las 6:34 pm y André ya había tenido una “ seria charla” con el capitán de turno, los términos habían acabado de la mejor manera, una pequeña contribución para un par galones de gasolina de 84 octanos con la finalidad de apoyar a los muchachos en sus rondas.



El sol ya se estaba escondido mientras André Blázquez manejaba y veía de reojo los puños rasgados de su amigo que miraba a la nada mientras escuchaban a todo volumen “ mala sangre” de la liga del sueño. El semáforo dio en rojo y fue suficiente para que André bajase a cero el volumen y dijese:

— Oe, qué chucha te pasa huevon! — ya fue pues, déjate de cojudeces de una buena ves. acaso no te has puesto a pensar que eres un extraño ahora, que tal vez los últimos meses realmente dejaste de existir para la cojuda esa, ya no sé que mierda más quieres saber si es tan claro como el agua, eres más que un extraño que extraña y sigues persiguiendo respuestas absurdas.
— Ya sé huevon!- grito Sebastian mientras la luz del semáforo cambio y se torno en verde.

— Te dejo en la Avenida cholito, Ángela esta que jode con el tema de que cumplimos un año y tanta maricona que les gustan a las hembritas. Estamos en contacto para tomarnos un traguito con guille ¿vale?


— Ya loco , de puta madre y gracias por todo de verdad, ya de ahí te doy unos tips

— Si… webón… bastante


— Hablaos

Nada como llegar a casa y ponerse a dormir sobre el suelo con las luces apagadas y música a todo volumen. Era clásico que Sebastian desde que se encontrara solo hiciera lo mismo siempre, pensar en su pasado y bloquearse en respuestas absurdas del porqué sin llegar a nada hasta quedarse plácidamente dormido y despertar para seguir con las labores, pero hoy era distinto, el volumen era imperceptible para sus oídos, creyó que era hora de dejar caer el pasado y tornarlo en un matiz distinto, en un matiz real. No querer afrontar lo evidente y tratar de pretender que todo estaba bien.






Sebastian empezó a hablar en vos alta:


Que chucha puede estar bien en todo esto, ya era suficiente, las cosas cambiaron y fueron imperceptibles para mí, me deje llevar por los días hasta que me perdí en la bruma del espacio y tiempo, me extinguí antes de tiempo, festeje antes de campeonar otra vez, como siempre lo hice. Aquellas veces ya las risas que creí escuchar traían un lamento subyacente. Esto me hacía pensar mucho en la película “sexto sentido” debido a que yo al igual que Bruces Willis, no me había percatado de mi inexistencia y que mi presencia para la persona más importante no era fundamental para afrontar el mañana.


Entonces me di cuenta que era un completo extraño, el hecho de haber escuchado que me extrañaba me resultaba inverosímil, que carajos puede extrañar de mi ahora si todo ya paso, porqué no extraño las noches en que antes de dormir contábamos estrellas fosforescentes, las risas del desenfado, las jodas , los besos, las tardes de verano, las noches en las que la despertaba para abrazarla, las mañanas de sol brillante ,el hacer el amor ,las cosquillas hasta no poder respirar, mi ira, mi dejadez, mi ternura y mi euforia, mi música, mi todo. Tal vez ella dejo de existir primero y la mujer de la cual me enamore y que aun siento tomar sus manos con dureza, como aquella vez en el Play land park hacia tantísimo años, por las noches, tomó el tren más veloz y sin escalas para seguir su ruta, mientras que yo la espere y busque por cada estación, hasta no poder encontrar vestigios de sus paradero.


Sebastian paso las siguientes horas visitando calles, huecos, casas, pasajes, avenidas, hoteles,parques,teatros y estadios hasta llegar a las 4:57 am a estar parado frente a la ventana de su cuarto, pudo tocar el vidrio y verla descansar.



5 años atrás
— ¿En qué piensas amorcito?- pregunto Niere con vos calmada

— Nada, te quería decir algo


— ¿Qué? Espero que no sean pendejadas o alguna obscenidad

— No seas monse, cierra los ojos – Sebastian se acerco hacia el cuello de Niere y sopló suavemente sobre su piel y su lóbulo derecho.


— ¿y eso amor?

— Cuando yo ya no esté acá contigo ,esta será la forma de decirte lo mucho que quiero.


— Jajajaj ay sonso siempre estarás conmigo, así que no te libraras nunca de mi, porque eres mío de mi y de nadie más ¡He dicho!

— Pffff Por favor jajajaj así no dice mi contrato, tengo carta libre para fichar en cualquier momento a otro club jajajaj es joda, esperemos que sea así



Esa noche Sebastian soplo sobre la ventana pretendiendo llegar hacia ella, quiso pensar que ella lo recordó por ese instante. Llego a casa relajada y antes de cerrar los ojos y mirando hacia el techo y sin ninguna estrella en las paredes dijo — Yo también te extraño y se cago de risa.


Por Raúl Aranda